La noche en la azotea no fue tan mala. Las esterillas no eran demasiado comodas, de madrugada refresco bastante y pase algo de frio y antes del amanecer nos despertaron los muecines de dos minaretes cercanos, que, la verdad, podrian haberse puesto de acuerdo para hacer algo bonito. Nos levantamos sobre las siete. El dia amanece nublado. Una ducha y en marcha.
Vamos a ver las curtidurias, una de las estampas mas famosas de Fez. Como advierte una de las guias: eso es turismo brutal, porque lo que parece un espectaculo pintoresco en realidad es explotacion laboral en condiciones que ningun pais deberia permitir. Desde arriba se ve una explanada llena de agujeros a modo de tinas (algunas parecen de barro, otras estan revestidas de azulejos blancos) en las que, primero, se prepara la piel ("lavandola" con excrementos de paloma y cal viva, entre otras cosas) y luego se tinhe (antiguamente con pigmentos naturales, hoy en dia con productos quimicos cancerigenos). En las tinas se meten hombres hasta la cintura para fregotear y sacar la ropa y pasarla al siguiente receptaculo. Da que pensar. Y apesta bastante.
Las curtidurias no son faciles de encontrar, hay que meterse por un laberinto de callejones serpenteantes, algunos cubiertos, otros sin salida, todos estrechos, es imposible no perderse. Un hombre se ofrece a ayudarnos, dice que trabaja en una tienda de las cercanias. Nos hace seguirlo. Nos mete en una tienda compuesta de varios pisos con salas enormes, todas llenas de pieles o articulos de piel. Nos mosqueamos: hemos quedado en ver las curtidurias, no una tienda. Nos lleva a la terraza, desde donde, efectivamente, hay una vista bastante buena de las tinas. Llega un tipo grandote con chilaba y empieza a darnos la chapa contandonos mas o menos lo que ya sabemos, y otras cosas que no son verdad (como que las pieles actualmente se tinhen con azafran, indigo y amapola). Cuando se le acaba la grabacion, nos invita a salir. Por el camino intenta meternos en varias salas para que compremos cualquier cosa. Cuando le decimos que no, nos dice que la salida esta por alli, pero por alli no esta, solo pretende que nos perdamos dentro de la propia tienda. Que no queremos comprar nada, solo queremos irnos. Pues entonces dame una propina, dice bloqueandome el paso y extendiendo la mano. Cuando salgamos, le digo. En cada tramo de las escaleras repite la misma maniobra, y yo la misma respuesta. A la salida me dice: ahora la propina. Saco cinco dirhams y se los doy. ?Que es esto?, pregunta. Cinco dirhams, ?es que no conoces las monedas? Mas, dice. No, digo. Empieza a gritar: ah, por eso querias la salida, eres como una serpiente. Serpiente es mi signo en el zodiaco chino. Sigue gritando y me amenaza con el dedo. Nos damos media vuelta e intentamos volver por los callejones por los que vinimos. En la esquina espera el tipo que nos trajo, pero no debe de estar acostumbrado a que la gente escape de las garras de su jefe, porque, en vez de cortarnos el paso, nos guia de vuelta.
Pasado el mal rollo, intentamos decidir el plan para el resto del dia, pero estamos de mal humor. Yo desayuno, en un barecito minusculo y cutre, una hogacita de pan y una bisara, que es un pure de garbanzos con comino, pimenton y aceite. Cuesta 3'5 dh. No esta mal, aunque la cuchara me da un poco de asco. Agata no tiene hambre.
Al final decidimos ir a ver el barrio judio, la mellah, que esta fuera de la medina. Alli la vida parece mas normal, hay un monton de mercadillos, pero son mas para los de aqui que para los turistas. Encontramos incluso una calle con puestos de venta de frigorificos, a ver quien es el turista que se lleva uno puesto. Empezamos a sentirnos mas a gusto. Pero la mochila que llevo todo el tiempo pesa tanto que necesito sentarme un rato. Nos metemos en un bar a tomar un te. Como de costumbre, Agata es la unica mujer alli. Tres hombres conversan en la mesa de al lado. Mientras Agata hojea la guia, me dan conversacion. Hablan frances muy bien y bromeamos un rato. Les preguntamos donde podemos comer algo por la zona. Uno dice que es una pena, porque si le hubieramos preguntado ayer nos habria invitado a comer cuscus en su casa. El cuscus de los restaurantes no es bueno. Hay que comerlo con la familia los viernes, como la paella del domingo en Espanha. Cuando salimos, uno de los hombres, Mohammed, sale detras de nosotros y dice que nos invita a comer en su casa. Nos lleva por un laberinto de callejuelas, jamas habriamos llegado hasta alli solos, nos metemos en un portal, subimos las escaleras y llegamos a su casa. Nos sorprende lo poco que nos sorprende, tampoco se que esperabamos exactamente. Viven alli nueve personas, aunque sus hijos no estan, porque se han ido a casa de la abuela. Pero esta la madre, la mujer y las hermanas. Nos meten en el salon a ver la tele (un documental muy interesante sobre la anaconda, en arabe) mientras todo el mundo se afana en la cocina. Mohammed nos ensenha fotos de familia. De vez en cuando asoma la cabeza alguna de las mujeres para preguntar si esta todo bien. Al cabo de un rato, aparece el banquete. Unas aceitunas estupendas y picantes, higos, pan, okra guisada, kefta, carne en salsa, ensalada, patatas fritas y una especie de masa frita. Nos obligan a acabarnoslo todo, es decir, que yo me como el 70% de lo que hay en la mesa. Pero las mujeres no comen con nosotros, solo Mohammed, que mientras tanto ve en la tele una tertulia muy interesante de unos saudies y unos iranies sobre el principio del Ramadan. Le pregunto por algunas costumbres, porque no sabemos como reaccionar cuando nos presentan a alguien. Nos explica que a las mujeres no siempre se les da la mano, porque hay algunos musulmanes demasiado ortodoxos a los que no les gusta eso, pero que en su familia son mas relajados, claro que rezan y todo eso, pero las mujeres no llevan panhuelo, solo la madre. Le decimos que nos gustaria hacer algo como agradecimiento, invitarles a tomar algo o cualquier cosa. Mohammed nos explica que no puede ir de paseo con nosotros, porque podria tener problemas con la policia, que podria tomarlo por un "faux guide", un falso guia. Nos quedamos alucinados: ?significa eso que no podemos andar por la calle con ningun marroqui? Pero a tomar un cafe si puede ir. Al despedirnos de las mujeres, nos regalan unas tacitas, probablemente de fabricacion casera, que usan para la henna. Nos hacemos unas fotos juntas y a Agata le dan besos. Al bajar, los vecinos nos saludan por las puertas abiertas.
Volvemos al bar donde nos hemos conocido. Por el camino dejamos que Mohammed nos lleve unos cuantos pasos de ventaja, no vaya a ser. Como insistimos en agradecerle de alguna manera su hospitalidad, se rie y me dice que le compre un paquete de tabaco. ?De cual? De Winston. Le compro dos, a 32 dirhams cada uno, no creo que se lo pueda permitir con mucha frecuencia. Hablamos de todo un poco y nos despedimos abrazandonos y besandonos. Dice que volvamos a su casa cuando queramos, que nos preparara un cuscus de verdad.
Volvemos a la medina, damos una vuelta, parece que hoy el ambiente es mas relajado. Es curioso, aunque andamos todo el tiempo por las mismas calles, cada vez el ambiente es diferente, la gente tambien. Vamos a tomarnos un batido de fruta al Clock, donde nos encontramos con Bata. Le pregunto que se puede hacer por la noche, ya que es fin de semana. Me dice que, ahora, poco, porque dos semanas antes del Ramadan cierran las discotecas. Y cuarenta dias antes ya no se puede beber, porque el alcohol permanece cuarenta dias en el cuerpo.
Salimos a pasar un poco mas. Me compro unas castanhuelas bereberes, qarqaba, de esas que utilizan los musicos gnaoua (si alguien ha visto la peli Exils, le sonaran de la escena final). El tipo de la tienda me deja tocar tambien el oud, el laud arabe, pero no me sale muy bien.
Para cenar compramos en un puesto un pedazo de pan con quesito. Internet y a dormir. Espero que no llueva esta noche, porque hace un bochorno tremendo y el cielo esta muy pesado. Y tambien toca dormir en la azotea. Por un fragmento de conversacion que escucho casualmente, me entero de que esta noche cambian la hora: a las 12 seran las 11. Si no lo hubiera oido, lo mismo habriamos estado el resto del viaje viviendo con una hora de retraso.
El plan de manhana es ir a Meknes.
Qué mal rollo con el de la tienda... y que guay con Mohammed y su familia.
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