Amanece lloviendo. Desayunamos. La chica del riad dice que es raro que llueva asi en verano. No apetece pasear, asi que nos vamos a internet. Cuando por fin amaina, vamos a ver si conseguimos comprar los ultimos regalos. La idea es comprar unos pendientes para tal persona y un brazalete para tal otra. Vamos al zoco de los joyeros, que insisten en llamar plata a todo lo que reluce. Cogen los pendientes, los pesan en una balanza electronica y nos dan precios exorbitados, a pesar de que la mitad del peso corresponde al plastico de las piedras preciosas. La escena se repite en siete u ocho tiendas. "Pura plata maciza bereber", que digo yo que los bereberes no hacen otra cosa que trabajar la plata. Vista la cantidad de morralla que tienen en estas tiendas, los yacimientos de plata de Africa deben de estar a punto de agotarse. "Es que no necesitamos que sean de plata", explicamos. "?Entonces cuanto me ofreces?". Pero, vamos a ver: ?es o no es plata? En una tienda ya me mosqueo y le digo: esto no es de plata, y estos supuestos sellos no son mas que muescas hechas con unos alicates (bueno, la segunda parte no la digo porque no se decirla en frances). El tio se hace el ofendido: ?has visto alguna vez en tu vida plata? Plata no mucha, pero aluminio si. Aluminio que vale su peso en oro, o al menos en plata. Como dice Agata: esta hecho con tenedores viejos. Nuestras compras resultan un fracaso y seguimos sin tener ningun regalo para nadie.
Nos metemos a comer en un restaurantucho donde no hay casi nadie y suena una musica folclorica. Curiosamente, el menu sale mas caro que pedir todos los platos por separado. Se lo digo a los espanholes de la mesa de al lado, que estan a punto de pedir un menu. Pedimos sendas hariras y un plato de kefta. El camarero es un maleducado, pero habra que ser comprensivos, al fin y al cabo seguro que tiene hambre. Nos traen una harira regularcilla. La musica folclorica procede de un cede rayado y cada cuarenta segundos la cancion vuelve al mismo sitio. El sonido es como un hibrido de gaita con gato rabioso y nos esta volviendo locos. Los chicos de la mesa de al lado se quejan. Llamo al camarero y le digo con mi frances mas educado si no podria cambiar el disco. Dice que no, que al resto de los clientes les gusta. Se va, sube el volumen de la musica y se pone a tararear. Mosqueado, le digo que ya no queremos la kefta, que nos traiga la cuenta que nos vamos. Dice que ya es demasiado tarde, que ya esta en camino. Le digo que no pienso comer con ese estruendo insoportable. Pasa de nosotros. Nos levantamos y nos vamos, dejando sobre la mesa 20 dh., cuatro mas de lo que cuestan las sopas. Al momento el tipo sale corriendo detras de nosotros, me zarandea del brazo y me empieza a gritar. Le digo que le he dejado el dinero encima de la mesa. Me llama ladron. Dos segundos despues estamos rodando por el suelo, mientras se reunen los espectadores. Cuando ya han visto suficiente espectaculo, nos separan. Tengo la camiseta hecha jirones. Dos tipos que han presenciado la escena hacen gestos como diciendo que el otro esta loco y dicen: es el Ramadan. Pues no se si sera el Ramadan, pero vaya escena mas penosa e innecesaria. Menos mal que se ha quedado en eso.
Volvemos al hotel a tranquilizarnos. Me ducho. El tiempo sigue nublado, pero decidimos irnos a la playa. Paseamos un rato, pero mas alla los quads revolotean como locos. Buscamos una zona mas o menos vacia y nos tumbamos, los dos en mi toalla porque Agata se ha olvidado la suya. Para caber los dos tenemos que solaparnos un poco. Ella apoya la cabeza en mi pecho y me pasa el brazo por encima. Yo estoy en banhador, y ella, totalmente vestida, con falda y camiseta. Estamos a punto de quedarnos dormidos cuando un tipo se planta a nuestro lado con una bandeja y empieza a gritar: "!italiano! !eh, italiano!". Paso de el. "!Italiano! ?Spice cakes?". No quiero ninguna galleta, ni con marihuana ni sin ella. De muy malos modos, amenazante, empieza a decirme que ayer hablamos delante del Sofitel y que prometi comprarle galletas despues. Seguro que no fui yo. Se pone a gritarme en arabe y luego, mezclando algo de ingles, nos senhala a Agata y a mi, que seguimos tumbados, y suelta: "Ramadan! No sex!", y hace ruido como de vomitar. Pero, vamos a ver, alma de Ala: primero, ?tu has visto sexo alguna vez en tu vida? Y, segundo, si es Ramadan, ?para que carajo me ofreces galletas? No le contesto y se pira. Pero siento que es la gota que colma el vaso y que, por si me quedara alguna duda despues de lo de Marrakesh, ya no quiero mas Marruecos.
Nos vamos de la playa. Junto al paseo maritimo hay unas duchas. Voy a abrir el grifo para limpiarme la arena de los pies cuando aparece un tipo con sonrisa de vendedor de coches y me dice: ?quieres una ducha? No me digas que hay que pagar. Si. Lo que me faltaba. Pues ya me lavare en el hotel.
Pasamos por una pasteleria donde compramos esta manhana unas galletas. Le pido una de nueces. Le pago con un billete de 20, me devuelve 16. Vamos a ver, esta manhana costaban tres, ?es que han subido de precio? El tipo me coge de la mano una de las monedas que me ha dado, de un dirham, la mira como si se hubiera confundido y me la cambia por otra de dos dirhams. Es que es una tras otra.
Lo intentamos en la pasteleria de enfrente. El quilo de galletas cuesta 60 dh. (y supongo que ya a precio para guiri). Le digo que solo quiero una. El tipo duda un momento y dice: 3'5. ?Me quiere hacer creer que en un quilo solo entran 17 galletas? Renuncio a la merienda.
Vamos a ducharnos y a cambiarnos. Decidimos hacer algo para relajarnos en este ultimo dia de vacaciones marroquies y entramos en el salon de masajes de al lado, pero la chica nos explica que estan a punto de cerrar por lo del Ramadan y que podemos volver manhana al mediodia.
Sin saber ya que hacer, decidimos ir a tomarnos un te y cenar algo, pero en ningun sitio dan de comer. A partir de las 8, dicen. Vamos de restaurante en restaurante y tiro porque me toca. Suena la sirena que anuncia el fin del ayuno por hoy. Pasamos por delante de la tienda del hombre sin diente, lo saludamos y le preguntamos que tal. Nos invita a pasar y a comer el ftour con el. Dudamos, porque la situacion nos corta un poco, pero insiste, asi que pasamos y esperamos a que termine con los clientes que tiene en este momento. Son dos chicos alemanes flacos y rubios. Uno pregunta cuanto cuesta la camisa. El contesta que 150, que es el precio que, como excepcion en Marruecos, pone en la etiqueta. El chico dice: te doy sesenta. El hombre le arranca la camisa de la mano, la coloca en una percha y empuja a los chicos fuera de la tienda. Luego nos explica: no soporto a los alemanes. En cambio, los polacos le caen muy bien. Sigue convencido de que yo tambien soy polaco, dado que hablo en polaco con Agata. Y, de pie alli mismo, comemos la mejor comida marroqui que hemos probado en todo el viaje. En segundo lugar quedan el tajin de pescado de Chefchaouen por 15 dh. y la harira del ftour en Marrakesh. Pero esto esta todo delicioso: una especie de rollitos de primavera increibles, un tajine de kefta (albondiguillas) estupendo, unos pastelitos riquisimos y, ademas, te de menta para beber. Todo preparado por la madre de Muhammad, que asi se llama nuestro anfitrion, y Aoui, su hermano, que tambien anda por alli. Charlamos un rato, aunque Muhammad no es muy conversador. Le agradecemos la estupenda cena-desayuno y nos desea buen viaje, etc.
Menos mal que el dia acaba con un acento positivo.
Vamos otra vez a buscar internet para terminar el diario de viaje, y a dormir.
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