lunes, 9 de agosto de 2010

De Meknes a Mohammedia

Diana a las siete y pico. Desayunamos en un bar donde el camarero fuma, toquetea a un vejete con chilaba y sin dientes y besa y abraza a otro hombre que acaba de entrar. Pruebo el "zumo de almendras", un batido de leche con almendras bastante rico.

Subimos al tren, pero no quedan sitios libres y los pasillos estan bloqueados por gente buscando donde sentarse. Bajamos y corremos hasta uno de los ultimos vagones. Nada mas subirnos, el tren arranca. Encontramos un sitio libre y otro mas alla. Le pido a un senhor que se cambie de sitio, luego a un chaval, y consigo que Agata y yo podamos ir juntos. El viaje en tren-sauna dura como cuatro horas y media. Todo el mundo se seca el sudor y se abanica como puede. En cada parada sube mas gente, con bultos y cajas, van de pie, pero tienen la ventaja de estar mas cerca de las puertas abiertas.

En Mohammedia paramos un taxi para que nos lleve al hotel La Falaise. Dentro va ya un senhor, pero no pasa nada. Un quilometro mas adelante se baja el y nosotros continuamos hasta nuestro destino. Hemos elegido ese hotel porque es el unico sensato que aparece en la guia. Cierto es que llamamos ayer desde Meknes y una senhora no muy amable nos dijo que no quedaba nada libre, pero decidimos probar suerte y, si no, irnos a Casablanca. Pero hay suerte. El hotel parece colonial, todo pintado de blanco, las puertas y ventanas azules dan al mismo patio, en el centro del cual crece un banano. La senhora tiene la piel oscura, la cabeza cubierta como una monja, habla bien frances pero es parca en palabras. Resulta misteriosa. Nos dice que no hace falta que cerremos la habitacion con llave, que ella esta alli todo el tiempo. De todos modos la cerradura esta estropeada. Meto la mochila de la camara en el armario y la tarjeta de memoria y la cartera bajo la almohada. No se me ocurre nada mejor.

Hemos parado en Mohammedia para ir a la playa. Despues de tomarnos un refresco en un bar donde nos tangan descaradamente (pero nos pillan sin ganas de discutir), un chaval que quiere demostrar a su novia lo bien que chapurrea el ingles nos explica que es mejor coger un taxi hasta la playa llamada Monika, unos tres quilometros mas alla, que es mucho mejor. Le hacemos caso. El taxista nos cobra lo que nos ha dicho el chico.

La playa de Monika tampoco es ninguna maravilla, aunque paseamos un poco y llegamos a una franja mas ancha y agradable, donde la arena parece pan rallado. Hay bastante gente a pesar de la hora (sobre las dos y media de la tarde), la proporcion de hombres y mujeres es como de 10 a 1. Ellos llevan, casi todos, pantalones hasta las rodillas y, por debajo, calzoncillos en cuya goma pone Calvin Klein o Versace. Ellas llevan, muchas, bikini; muchas otras, bikini y pareo; y dos o tres se banhan en vaqueros, camiseta de manga larga, panhuelo en la cabeza y gorra con visera. Me llama la atencion que, en comparacion con Espanha, apenas se ven tatuajes.

La gente no toma el sol, cosa que solo nos extranha al principio: tampoco creo que puedan ponerse mas morenos. Muchos se refugian bajo sombrillas, otros estan sentados (sin toalla ni nada) cerca de la orilla y la mayoria se dedica a luchar con las olas, que vienen con mucho impetu. La primera que me toca me golpea las rodillas y me derriba de morros, una escena digna del cine mudo que luego repetire en un par de ocasiones. El agua no esta muy limpia ni muy fria. Muchos chavales cogen olas con el cuerpo a modo de tabla, mientras que algunos tienen bodyboards de corcho. Un imbecil va y viene con una moto acuatica a cinco metros de la orilla. Nadie parece aburrirse. A lo lejos, veo a unos chicos jugando al voley-playa. Me acerco con la intencion de unirme, pero me quedo alucinado: estan jugando un verdadero partido, dos contra dos, con saques en suspension, remates, revolcones para salvar un punto, pero... sin red. Juegan en serio, y lo hacen bien, pero aquello es rarisimo. Al verme alli parado me invitan a entrar, ya se ha unido mas gente, ahora somos cuatro contra cuatro, pero no me adapto mucho al sistema y me retiro pronto. Parecen majos.

Decidimos dar un paseo por la playa hasta donde se pueda. Cuanto mas nos acercamos a la ciudad, mas aumenta la densidad de ocupacion. La playa se hace mas ancha, pero no hay quien camine sin tropezar todo el tiempo con ninhos correteando, jovenes jugando al futbol, familias que parece que juegan a "a tapar la calle", etc. Un poco mas lejos de la orilla, cientos de sombrillas de colores apinhadas. En el agua desembocan dos enormes tuberias sospechosas y apestosas. Al fondo, al otro lado de la ciudad, se ve la fabrica de fosfatos mas importante de Marruecos.

Seguimos andando y aquello no se acaba. Pasamos por delante de un tio mayorcete, fibroso y peludo que esta haciendo estiramientos. Le hago un gesto de admiracion por su flexibilidad, lo cual basta para entablar conversacion, primero en frances, que el habla mucho mejor que nosotros, y luego en ingles, que parece la lengua en la que mejor nos podemos comunicar todos, aunque en muchas ocasiones tendremos que mezclar ambas con gestos para entendernos. El ingles lo aprendio por su cuenta, con libros y hablando con gente. Se llama Abdou, tiene 42 anhos y es profesor de gimnasia y de equilibrismo y malabarismo. Luego nos enteraremos tambien de que ha sido campeon (o sub, o tercero, que mas da) Marruecos de aerobic, o de gimnasia, y tambien de lucha (aunque no le preguntamos si de peso mosca o peso pluma, porque es bien pequenhito). Nos hace una demostracion de equilibrio y flexibilidad que nos deja boquiabiertos, y otra de malabarismo que ya no nos impresiona tanto, pero no esta mal. Recoge sus bartulos (una mochilita y una bici de montanha un poquito destartalada) y se viene con nosotros.

Abdou no esta casado, pero tiene un perrazo, creo que un amstaff, que se llama Sis, tiene un anho y le obedece en todo. Parecen amigos de toda la vida. Vamos paseando, charlando, Abdou nos hace atravesar un paraje desierto, luego nos mete por los callejones de su barrio (nada mas entrar en el cual, se pone la camiseta), los vecinos lo saludan. Un tipo tiene un carro con chumbos, Abdou le pide unos cuantos para nosotros, pero no nos deja pagar: "Ya le pago yo manhaha". El vendedor nos saluda. Luego nos lleva hasta el patio de su casa, ata a Sis a un poste, entra en casa y al rato sale con un album de fotos descoloridas, donde se le ve a el haciendo deporte, saltando, dando clases, subido a un podio y acompanhado de mujeres francesas que ensenhan danza o aerobic.

Salimos otra vez. Paramos en un bar a tomar un te con menta. Abdou dice "ahora vengo", deja su mochila y su telefono en una silla (a lo que Agata dice: es mucho menos desconfiado que nosotros) y reaparece al cabo de cinco minutos con una comida que no se como se llama, pero que es como la parte de dentro de un croasan, solo que mas apelmazada y menos dulce. Esta recien salida del horno. Estabamos muertos de hambre. No nos deja pagar nada. Luego nos acompanha, siempre empujando su bici, hasta un cruce desde el que es facil volver al hotel. Nos da su numero de telefono, monta en su bici y se va.

Agata y yo volvemos al hotel. La camara sigue en el armario y la cartera debajo de la almohada. Hacemos la colada en la terraza y nos duchamos. Anochece y los mosquitos salen de caza. Decidimos invitar a Abdou a cenar. Quedamos en el Essaouiri, muy cerca de nuestro hotel, pues Abdou trabajo alli cuatro anhos. Mientras lo esperamos, pedimos zumo de naranja. Al cabo de un minuto sale otro camarero y nos dice que aquello es una freiduria de pescado, que alli se va a comer y que no tienen zumo de naranja. Le digo que ya se que es una freiduria, que pensamos cenar alli y que estamos esperando a Abdou, el que trabajaba alli. El tipo cambia la cara y resulta que si que tienen zumo. Llega Abdou en su bici y con una bonita camisa blanca. Pedimos merluza, lenguaditos y gambas. No estan mal, pero tampoco estan demasiado bien. Abdou nos explica que el zumo de naranja lo han traido de otro bar cercano. Por eso han tardado tanto. Y por eso nos lo han traido en una botella de agua. A la hora de pagar, quieren cobrarnos de mas, pero Abdou no les deja.

Quedamos con el para la manhana siguiente y nos vamos a dormir. Con el ventilador puesto toda la noche.

No hay comentarios:

Publicar un comentario