Que dificil es encontrar tiempo para actualizar el diario... Bueno, voy a escribir primero lo de hoy y en cuanto me de tiempo, las entradas que faltan.
Diana a las siete y poco. Khalid nos ha prometido que el desayuno estara listo a las ocho (ademas de que me debe 50 dirhams, que ayer no tenia cambio). A las ocho y diez todavia no ha llegado, y nosotros tenemos que estar en la estacion a las nueve. Por fin llega, hace el desayuno sin mucha prisa, nosotros nos lo comemos a toda y salimos corriendo con las mochilas. Khalid dice que ahora baja a despedirnos, pero no lo esperamos. Llegamos, cuesta arriba, a la parada de taxis, pero no hay mas que uno, que esta ocupado, y unas cuantas personas esperando. Al vernos, el conductor baja de la baca las maletas, saca otras del portaequipajes y nos manda subir. Ni nos da tiempo a asegurarnos de la tarifa. Nos explica, o eso entendemos, que una senhora habia reservado el taxi y despues habia decidido irse a echar una cabezadita mas. Nos deja en la estacion y supongo que vuelve a por la senhora.
El bus a Fez tarda como cinco horas, es decir, muy poco mas de lo prometido y, teniendo en cuenta el viaje anterior, bastante menos de lo esperado. El viaje me lo paso leyendo la guia, ya que Agata se ha tomado unas pastillas contra el mareo y duerme como un tronco. Ya en Fez compartimos taxi con dos barceloneses que van en busca del mismo hotelucho que nosotros, el Cascade. Desde donde nos deja el taxi hay que atravesar una gran plaza desierta. De la sombra empiezan a salir tipos asegurandonos que en el Cascade ya no queda sitio, pero que ellos nos ofrecen algo mejor y mas barato. El mismo truco que en la India. Cuesta deshacerse de ellos.
Hace mas de cuarenta grados. El Cascade esta muy concurrido. Nos decidimos por la opcion mas barata: dormir en la azotea. Nos prometen unas esterillas. Victor y Marc se quedan un rato mas alli, tomando algo a la sombra, pero nosotros preferimos ir a dar una vuelta.
La famosa medina de Fez esta muerta, no se si por la hora del calor o por ser viernes, el dia santo de los musulmanes. Vagamos un rato por los callejones desiertos, pero la verdad es que al final nos aburrimos de no ver nada mas que paredes marrones, puertas cerradas y algun que otro vendedor que intenta convencernos chapurreando diversas lenguas romanicas de que compremos cualquier cosa. Entramos en la madraza que, segun la guia, es el edificio mas impresionante de Marruecos y, la verdad, si eso es asi casi entran ganas de abandonar Marruecos de una vez e irse a ver, por ejemplo, la Alhambra. Y dicen que hace falta por lo menos una semana para hacerse a la medina de Fez... pues no creo que le demos la oportunidad.
En una calle parcialmente cubierta llena de tiendas de comida, un chico nos ofrece unas babuchas. Le decimos que solo nos interesan desde el punto de vista fotografico, asi que Agata entra a hacer un par de fotillos mientras yo me quedo conversando con el y con su colega del puesto de enfrente. Se llaman Muhammad y Bata (o algo asi, me lo ha repetido tres veces y no quiero preguntarle mas) y nos los volveremos a encontrar varias veces. Hablan frances muy bien (en cualquier caso, mucho mejor que yo) y son super simpaticos, nos hablan con entusiasmo de los monumentos de la ciudad y, al explicarles que queremos hacer fotos, nos indican un par de puntos desde donde hay vistas panoramicas. Uno es la terraza de un bar cercano (super pijo pero al estilo marroqui). El otro es un hotel que queda un poco lejos. El taxi cuesta solo ocho dirhams, pero preferimos ir andando y ver que se cuece fuera de la medina. Un par de cientos de metros mas arriba, somos los unicos guiris a la vista. Pasamos por una especie de paseo donde no hay hierba y los arboles estan secos. Sentados en la tierra, los vejetes juegan a las cartas, o eso deduzco, porque son tantos y estan tan apinhados que no se ve lo que hay en medio. Llegamos al hotel ese, que debe de tener un monton de estrellas, desde alli se divisan las murallas de la ciudad y las casas elevandose apelotonadas cubriendo la loma.
Estamos muertos de sed y un poco hambrientos. En un cruce hay varios cafes y, sentados delantes, hombres. Por decenas. Juntandolos todos, igual lleguen a cien. Y ni una sola mujer. Entramos en uno a tomar un zumo y un refresco. Salimos en busca de un sitio donde comer. En un puesto compramos cacahuetes y el senhor se extranha de que andemos por aquel barrio en el que "no hay nada". En el puesto de al lado venden sopa de caracoles. Un senhor saca los caracoles de la olla con un cazo y los sirve en cuencos, otros senhores se los comen alli mismo, sacando los moluscos de la concha con un palillo. Al verme mirando, me ofrecen. Por mi cara de escepticismo me dan a probar solo el caldo, que pruebo y no esta malo. Me explican que los caracoles son buenisimos para... para todo, y se rien. Que dan mucha fuerza. El senhor del puesto, que rondara los setenta y luce una larga barba blanca, hace un gesto de culturista al tiempo que se pone a dar saltos para demostrarmelo. Nos reimos todos. Otro hombre me pregunta de donde soy y le extranha que sea espanhol, porque los espanholes tambien comen caracoles. Bueno, no todos. Me habria encantado hacer una foto alli, pero prefiero dejar el buen rollo como ha quedado.
En la terraza de un bar estan jugando a algo, creo que al domino. Un senhor empieza a hacerme gestos para que me acerque desde la acera de enfrente. Dice que los espanholes y los marroquies somos familia y nos indica un sitio para comer barato. Llegamos, compramos agua y probamos algunos panecillos, pero sacian tanto que se nos quita el hambre pronto. El senhor no nos cobra los primeros. Por el ultimo, solo un dirham.
Y es lo que pasa. Cada vez se confirma mas la teoria. Cuanto menos turistico es el sitio, mas agradable es la gente. Me ha pasado en India, en Turquia, en Georgia y ahora en Marruecos. Cabria aventurar la tesis (poco sutil, evidentemente) de que el turismo estropea, entre otras cosas, las relaciones normales entre las personas. Sea como sea, me encantan los lugares donde no hay nada concreto y la gente cultiva la conversacion por la conversacion, sin mas.
Se pone el sol y, para no tener que cambiar de opinion sobre la gente por alli, decidimos abandonar aquel descampado (rarisimo, por cierto: una especie de vertedero, un cementerio a ambos lados de la carretera, algo que parecen chabolas al fondo y alguna que otra hoguera a lo lejos) y volver a la medina.
Las calles que antes estaban desiertas, ahora empiezan a llenarse de vida. A un lado de la puerta de entrada de la ciudad medieval, las terrazas de los cafes estan llenas de marroquies. Al otro, de turistas, como si la puerta dividiera dos mundos. Pero fuera del gueto de restaurantes turisticos, en las calles paralelas, la vida pertenece tambien a los marroquies.
Estamos deshidratados y cansados. Agua, internet y a dormir. A ver como resulta lo de la azotea.
Suena interesante, no?? Disfrutad mucho.
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