sábado, 14 de agosto de 2010

Mas Essaouira

Un autentico dia de vacaciones.

Por la manhana, despues de desayunar, vamos a ver la playa, que empieza justo al lado de las murallas de la medina y se extiende hacia el sur. Todavia no hay mucha gente, pero se ve que ira llegando mas. Echamos a andar. La playa es extensa y preciosa, detras de nosotros queda el casco antiguo de Essaouira, a la derecha tenemos el Atlantico y, en primer plano, el islote de Mogador, a la izquierda primero se ven hoteles y, despues, dunas y dunas. Pasada la zona de los que estan tomando el sol, viene la de los que juegan al futbol. Despues, los que estan aprendiendo a manejar las cometas de kitesurf: algunos en el agua, la mayoria sentados en la arena intentando dominarlas. Mas alla, tipos que ofrecen (y casi obligan a aceptar) excursiones a caballo o en camello. La playa esta llena de montoncitos amarillos con restos de paja y, alternativamente, bolas negras dispersas como en medio de una partida de billar. Mas alla estan los quads, se ven familias enteras de excursion, siempre hay algun ninho rubio conduciendo uno. Debe de ser divertido eso de los quads, incluso me entran ganas, pero, joder, como turban la tranquilidad del lugar. Y seguro que no hacen ningun bien a las dunas. Seguimos andando y mas alla ya no hay mas que playa y dunas. Un paseo espectacular. Seria un paraiso si no fuera por los quads que van y vienen. Tambien pasa algun que otro jeep, en el techo van paquetes y personas acomodadas (es un decir) entre ellos. Playa, dunas y, por desgracia, muchisima basura. Caminamos hora y pico de ida, hasta perder de vista Essaouira, y otro tanto de vuelta, en total calculo que unos doce o quince quilometros bajo el sol de mediodia. Nos quemamos un poco, pero vale la pena.

Volvemos al hotel. Nos encontramos a la chica escuchando un disco con un senhor que canta el Coran. En cuanto entramos lo quita, pero le decimos que no nos molesta, que incluso nos gusta, y lo vuelve a poner, aunque mas bajo. Nos duchamos y salimos a comprar agua (estamos deshidratados) y a comer algo. Encontramos un restaurante que tiene buena pinta. Estamos zampandonos un cuscus cuando por la puerta entran Marc y Victor, que nos han visto desde fuera. Nos saludan, pero no se quedan mucho tiempo, porque se han propuesto seguir el Ramadan y no pueden ver la comida. Aunque lo que peor llevan, dicen, es lo de no poder fumar. Pero han conocido a un rastafari que, alucinado con lo de que a unos extranjeros les haya dado por ayunar, los ha invitado a cenar en su casa.

Damos un paseo, el pueblo nos resulta agradable. En una tienda de musica compro algunos discos marroquies. Volvemos al puerto a hacer fotos. Unos ninhos estan tirandose de cabeza desde uno de los bastiones que jalonan las murallas. La caida al agua es como de ocho metros. Y luego tienen que escalar otra vez.

Ya de noche, hacemos algunas comprillas. El viaje toca a su fin y habra que llevar algun que otro regalo. En un tenderete unos chavales dan buena cuenta del ftou. Tienen las ollas y los platos en el suelo. Estan de buen humor. Nos explican que en invierno el Ramadan es mas facil, porque son solo ocho o diez horas de luz durante las que no puedes comer ni beber (ni fumar ni practicar el sexo, pero eso no lo dicen), mientras que en verano tienen que aguantar como quince horas.

Nos retiramos tempranito.

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