El tipo que dormita en un catre tras el mostrador de recepcion no es el mismo con el que acordamos el precio. Quiere cobrarnos mucho mas "porque la habitacion tiene aire acondicionado". Pero se ve que el Ramadan le ha dejado sin fuerzas para discutir. El desayuno esta incluido en el precio y es de 8 a 11, pero a las ocho y diez todavia no han abierto la terraza ni parece que haya nadie rondando por alli. "Es que es Ramadan", dice el de recepcion. Si, pero no esperaran que ramadanicemos nosotros tambien, digo yo. Al fin y al cabo, segun el Coran los viajeros estan exentos del ayuno. Y los enfermos tambien. O sea, que tenemos doble excusa.
Compramos galletas y yogures en un bareto de la estacion donde nos tratan con desprecio. El patron, apoyado en el mostrador, da ordenes a un esclavo bajito que corre de aqui para alla subiendose a un taburete y colocando la mercancia. Junto a la ventanilla numero 7, un tipo nos coge los billetes y nos exige 10 dh. por cada mochila "facturada". Sin pensar mucho, se los doy, esperando un recibo, como hace la companhia CTM, que al menos proporciona un seguro de equipajes, aunque ridiculo. Pero el tipo se mete la pasta en el bolsillo. Cuando el bus esta a punto de arrancar, sube una senhora americana acalorada. Se niega a pagar la extorsion de 10 dh., diciendo que cuando vino de Agadir no tuvo que pagar nada. Le amenazan con dejar su mochila en tierra. El bus arranca mientras todos siguen gritando, pero en cada parada la americana se levanta y echa un ojo por si acaso. Sube un pasajero marroqui y le pregunto si el ha tenido que pagar por su equipaje. No sabe ni de que le hablo.
Por la carretera vemos un par de accidentes, entre ellos un camion panza arriba. Pero eso no arredra a nuestro habil conductor, capaz de manejar el volante y cambiar de marchas con una sola mano mientras con la otra sujeta el movil, que debe de tener pegado, el pobre, porque en las tres horas y pico que dura el viaje no se lo separa de la oreja.
El bus llega a una estacion pequenhita azul y blanca que parece construida a las afueras de algun pueblo del Oeste. Faltan los remolinos de pelusas rodando entre los cactus. Cuando el autobus abre las puertas, sin dejarnos bajar, un monton de tipos blandiendo tarjetas de visita empieza a asediar las escaleras gritando: "monsieur, hotel!".
Agata se encuentra fatal, se le ha juntado el mareo con lo otro. Tenemos que esperar un rato en el bar de la estacion. Un taxi nos lleva hasta la muralla de la medina por 6 dh., uno menos de lo que dice la guia. Aqui parece ser que los taxis tienen una tarifa fija: 6 dh. por cualquier trayecto durante el dia, 7 dh. si es de noche.
Vamos a mirar uno de los alojamientos que recomienda la guia. Es un riad, es decir, una casa con patio interior reconvertida en hotel. En el patio, una fuente de yeso, macetones con plantas y otras horteradas. Por suerte no tienen sitio, pero el recepcionista engominado y excesivamente servicial nos ensenha otro riad que hay cerca, mucho mas bonito y tranquilo. Negociamos un precio mas o menos sensato por tres noches. Son nuestros ultimos dias en Marruecos y queremos estar a gusto, aunque haya que tirar la casa por la ventana.
Descansamos un rato y luego vamos a comer algo. El pueblo parece tranquilo. Sopla un viento frio, toda la gente va abrigada, yo no se como a todos se les ha ocurrido traerse forros polares a Marruecos. La diferencia entre la temperatura de ayer en Marrakesh y la de hoy aqui es como de 30 grados. Vamos hasta el puerto y alli nos pilla la puesta de sol, muy pintoresca, con una vista de las murallas de la ciudad batidas por el mar y sobrevoladas por remolinos de gaviotas. Luego, paseando por el interior del pueblo, vemos una tienda con ropa muy bonita y entramos. El tio dice que le caen muy bien los polacos (Agata y yo hemos decidido hablar en polaco en las tiendas para que no nos comprendan y asi poder negociar con ventaja) y me monta un probador entre dos percheros. Al final le compro unos pantalones y una camisa muy bonitos. Se queja de que le duele mucho un diente. Le digo que mi padre es dentista, pero no puedo hacer nada. Pregunta si tenemos alguna medicina, porque las medicinas europeas son mucho mejores y mas baratas. Las marroquies, segun el, no sirven para nada.
Nos vamos a dormir.
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