martes, 10 de agosto de 2010

Mohammedia-Casablanca-Mohammedia

Nos levantamos a las seis menos cuarto. Ya hay luz. Hemos quedado a las seis y cuarto en el cruce cerca del hotel. Abdou ya esta alli con su bici. Se ha levantado a las cuatro y media para entrenar y a las siete empieza su clase de aerobic y estiramientos en la playa. Vamos paseando. Ya hay bastante gente en la playa, paseando, corriendo, banhandose, varios grupos de jovenes jugando al futbol. Del grupo, solo de mujeres, hoy solo han venido dos: las dos llevan chandal, pero una, ademas, lleva la cabeza doblemente cubierta por un panhuelo y una gorra. Agata y yo participamos. Hace calor, pero Abdou no me deja quitarme la camiseta. Sudo la gota gorda, no se que sentira la mujer del panhuelo. Entre el sudor que me cae en los ojos veo a una pareja corriendo. El, en pantalon corto y camiseta. Ella, pantalon largo, camiseta de manga larga, panhuelo y gorra. Buf.

Al terminar, las dos mujeres se van rapidamente. Abdou me dice: tumbate, y empieza a tirarme de los brazos y las piernas y luego a darme un masaje. Me dejo hacer. Luego le pregunta a Agata si tambien quiere. Me quedo jugando con Sis. Luego Abdou y yo hacemos capoeira un rato, el solo tiene unos rudimentos, pero es agil y flexible. Agata nos hace fotos. Despues toca banharse, el lo hace en calzoncillos.

Hay que irse, porque Abdou entra a trabajar a las diez. Aparte de sus clases de gimnasia, etc., trabaja de 10 a 4 en un "snack". Se ve que el deporte, a pesar de haber sido campeon, o subcampeon, o lo que sea, en varias disciplinas, no da para vivir. Por eso esta intentando conseguir el visado para irse a Arabia Saudi, donde le ofrecen 700 euros al mes por dar clase de aerobic. Vamos con Abdou hasta la zona de la kasbah, donde vive y trabaja, por el camino nos ayuda a comprar fruta para el desayuno y nos presenta a su companhero de trabajo.

Agata y yo nos tomamos un enorme zumo de mango de camino al hotel, nos duchamos y vamos a la estacion de tren. Hoy toca excursion a Casablanca. El tren, como todos los que hemos visto hasta ahora, va hasta los topes y no tiene aire acondicionado. Menos mal que el viaje dura solo 20 minutos.

En Casablanca hace un calor humedo pegajosisimo. Y nosotros, vestidos "modestamente", es decir, de pantalon largo y con los hombros cubiertos, para poder entrar en la mezquita. Pero nuestro primer objetivo es una heladeria que menciona la guia. Por el camino entramos en una tienda de fotografia para imprimir algunas fotos que queremos regalarle a Abdou. Luego nos da el hambre y entramos en un restaurante que hay justo enfrente de la heladeria y que no tiene mala pinta, aunque la comida resulta decepcionante. Y la cuenta, sorprendente: me han cobrado aparte la bebida del menu; y al tajine vegetariano de Agata le han puesto el precio del de carne. Son 120 dirhams y no deberian ser mas de 100. Protesto. El camarero dice que es porque me ha traido un refresco de 33 cl. y el del menu es de 25. Pero ese no es mi problema. Va a hablar con el encargado y vuelve con la misma cantinela. Le doy un billete de 100. Dice que son 120. Le digo que no pienso pagar mas. Se va otra vez a hablar con quien sea, pero nosotros nos levantamos y nos vamos. En la heladeria de enfrente nos tomamos el postre.

Vamos en busca de un taxi para ir a la Mezquita Hassan II, la unica del pais donde se permite la entrada a los no musulmanes; eso si, a horas determinadas y a cambio de un paston. La guia dice que la ultima entrada es a las 14:30 y ya se nos echa el tiempo encima. En todas las esquinas hay gente esperando taxis, que pasan llenos. El trafico es horrible. Por fin paramos uno, de paso sube tambien otra chica que habia en la parada. No va exactamente por el mismo camino, pero lo suficiente para que al taxista le compense.

Llegamos a la mezquita. Un senhor con tunica verde, fez rojo y dientes negros nos informa de que la ultima entrada hoy era a las 14, pero podemos volver manhana a partir de las 9 y lo siente mucho. Nos hacemos un par de fotos en el exterior y vamos en busca de un taxi, no porque nos encante ese medio de transporte, sino porque ese es el medio de transporte normal alli, hace un calor infernal y humedo y en los alrededores de la mezquita no hay nada. Mientras esperamos, entablamos conversacion con una chica japonesa, Natsko, que parece que lleva el mismo rumbo que nosotros, asi que montamos juntos y luego vamos paseando por la ruta que indica su guia. La verdad es que no hay nada especialmente interesante. Vamos a ver la catedral del Sacre Coeur, que, evidentemente ya no funciona como catedral y esta vacia por dentro. Una inmensa nave blanca y vacia, con una vidriera al fondo donde hay un monton de banderas de diferentes paises. Los tres encontramos las nuestras respectivas, aunque Natsko se mosquea porque la bandera japonesa es la del imperio, la que tenia los rayos. Por 20 dh. nos dejan subir a la torre. Las escaleras estan hechas polvo y llenas de mierda de paloma. Paseamos por el tejado de la catedral, lo cual es un poco peligroso, porque esta en declive. Desde la torre se ven, haciendo honor al nombre de la ciudad, un monton de casas blancas. Luego bajamos y damos la vuelta a la catedral para ver la parte de atras, en busca de la foto que viene en la guia. Unos tipos que estan alli sentados a la sombra se levantan y nos acompanhan, sin parar de comentarlo todo. Al despedirnos, me llaman aparte y me dicen: si no vinieras acompanhado de dos chicas tan guapas, no te habriamos dejado entrar.

Paseamos. Llegamos a una plaza con edificios coloniales y palmeras. A un senhor ataviado de forma muy curiosa, que luego resultara que es un aguador (vende cuencos de agua), le pido permiso para hacerle una foto, y me dice que vale, por 10 dirhams. !Mi primer modelo profesional! Ya que pago, saco el reflector dorado de la mochila y hago un par de fotillos de postal. El agua no la pruebo, no solo porque desconozco su procedencia, sino, ademas, porque los cuencos no los lava despues de cada uso. Los lleva colgados a modo de collar.

Nos tomamos un zumo, nos despedimos de Natsko y, aburridos de Casablanca y del calor, decidimos buscar internet para narrar las aventuras de los ultimos dias y volver a Mohammedia, donde hemos quedado con Abdou para ver un concierto. Es curioso, pero, como ya he constatado en otras ocasiones, los lugares que mas interesantes suelen resultarme son aquellos que a priori menos lo parecen, aquellos donde no hay nada concreto que ver o que hacer.

En la estacion, para subir al tren hay que meterse en una melee con toda la gente que intenta entrar al mismo tiempo. Para bajar, casi lo mismo. Luego hay que luchar por un taxi, porque alli no hay orden ni concierto. Esperamos un monton de rato. Para un tipo con un coche grande y ojos de colocado y nos dice en italiano: ?vais a algun sitio? Hacemos como que no le entendemos y se pira. Por fin cogemos un taxi, que nos lleva haciendo slalom entre los coches y los peatones. Nos cobra lo que quiere, pero ya nos da igual. Estamos cansadisimos, ya sin fuerzas para ir al concierto. Hacemos el equipaje y llamamos a Abdou, quedamos con el un momento para despedirnos. Le damos las fotos, parece contento. Me da un abrazo muy fuerte, noto todos sus musculos de gimnasta. Luego mira a Agata, supongo que dudando, pero ella da el primer paso. Se abrazan.

Nuestra cena: yogures y una chocolatina que compramos en una tienda donde la nevera ya esta desconectada.

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