Nos levantamos temprano, a las 7, para hacer fotos de la playa, pero el dia ha amanecido nublado y la luz no acompanha. Damos un paseito por el pueblo, que esta vacio. Volvemos al hotel a desayunar.
Vamos a comprar los billetes para la vuelta: autobus de Essaouira a Marrakesh, tren de Marrakesh a Casablanca, luego de Casablanca a Taourirt y de Taourirt a Nador, en total unas 18 horejas de viaje. Desde alli cogeremos un ferry a Almeria, para el que esperamos que no haya problema con los billetes. Delante de nosotros hay como cuatro clientes. El senhor de la estacion es muy amable y me habla despacito en frances. Cuando terminamos, hay como mas de treinta personas en la cola.
Decidimos ir a ver la playa que, segun la guia, hay al norte del pueblo. Por el camino vemos como es la vida fuera de la medina de Essaouira. Cada vez que preguntamos a alguien por la playa de Safi, todos nos indican la direccion contraria. !Pero si venimos de alli! Nadie puede creerse que queramos ir a la otra playa y no a la de Essaouira, ni siquiera escuchan la segunda mitad de lo que digo. Un grupo de extranjeras viene de arriba. Les preguntamos. Una francesa de labios siliconados nos dice que ni se nos ocurra ir hasta alli, que esta lejos y no vale la pena, esta todo lleno de basura y huele mal. Nos quita las ganas. Pero dice que un poquito mas adelante hay un mercadillo.
El mercadillo es de lo mas cutre que he visto. Se vende todo tipo de objetos requeteusados, de sexta o septima mano y utilidad misteriosa. Uno o dos turistas extraviados y, el resto, marroquies. Nuestros objetos favoritos, ganando en dura competicion a zapatos destartalados sin pareja, cassettes blancos con la cinta salida, teteras oxidadas, cargadores de moviles antediluvianos y libros para colorear ya coloreados, son las botellas de refresco vacias y polvorientas. Un senhor nos pide un precio exorbitado por unos brazaletes, pero no tiene ganas de regatear y nos regala una pulserita y nos da la bendicion.
Estamos cansados y de mal humor, no sabemos que hacer y nos vamos a echar una siesta que acaba prolongandose horas. Al salir del cuarto vemos algo moverse y, de detras de una mesa, emerge la cabeza de la limpiadora, que esta rezando. Intentamos pasar sigilosamente, pero con gesto decidido, aunque sin volver la cabeza, nos ordena dar la vuelta por detras de ella, supongo que para que no nos interpongamos entre ella y la Meca.
Cenamos en el restaurante donde comimos ayer. Tenemos suerte, porque cogemos la ultima mesa. Los camareros todavia no han empezado a servir, porque estan comiendo el ftour. Detras de nosotros, una cola enorme de gente. Debe de venir en alguna guia. No se libera ninguna mesa en una hora. A pesar de no haber comido nada desde el desayuno, no tenemos mucha hambre y no nos acabamos el cuscus.
A la vuelta pasamos por delante de la tienda donde el otro dia me compre los pantalones y la camisa. Le preguntamos al tio por su dolor de dientes. Ya esta solucionado. Me ensenha el primer hueco en su dentadura. A grandes males, grandes remedios.
Nos acostamos temprano.
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