jueves, 12 de agosto de 2010

Marrakesh: el primer dia de Ramadan

Nos levantamos, nos duchamos y nos vamos a dar una vuelta hasta Djemaa el-Fna. Pasamos por delante de un bar marroqui, en la terraza varias mesas blancas con sus respectivas sillas, todas vacias. Es el primer dia de Ramadan. Una manzana mas alla hay un bar para turistas. La terraza esta a rebosar. Por un te de menta nos cobran 10 dh., el doble de lo normal. A la vuelta, la terraza del bar marroqui tambien se ha llenado, pero nadie toma nada, todos estan sentados mirando la plaza como en el cine.

Volvemos al albergue japones a por el equipaje. En la tienda de la esquina compramos agua. El tendero nos pregunta si estamos bien. ?Lo sabe ya todo el barrio? Salimos con las mochilas, en la puerta nos despiden tres japoneses sonrientes (Tsukasa, la duenha que no habla ingles y otra chica que dormia en nuestro cuarto y que tampoco habla ingles) como si se tratara de una familia en cuya casa nos hubieramos hospedado una semana.

Nos instalamos en el hotel CTM, en plena plaza. Es la primera habitacion con aire acondicionado que tenemos en este viaje. Con casi 50 grados durante el dia, se agradece.

Damos un paseo sin rumbo por una zona de callejuelas y zocos. Un chaval se empenha en llevarnos a la zona donde tinhen las pieles, diciendo que justamente hoy es la fiesta del color. Pasamos por una zona donde los herreros martillean sus productos a la puerta de sus tiendas. Llegamos a un sitio donde un tipo nos empieza a explicar que los tintoreros ya han terminado su trabajo por hoy porque es Ramadan, me anuda un panhuelo azul a la cabeza a modo de turbante y luego intenta vendermelo sin exito. ?Consistira en eso la fiesta del color? Luego pasamos por delante de una tienda a cuya puerta un chico hace girar un torno al que ha fijado una rama y, sujetando un cincel entre los dedos de los pies, en cuestion de segundos da forma a algo que parece la pata de una cama Luis XVI en miniatura. Luego le hace un agujero, le inserta un cordelito dorado y nos lo da. Un regalo, dice. A continuacion nos obliga a entrar en su tienda, aunque le decimos que no queremos comprar nada, nos ensenha un monton de artilugios de madera feos e inutiles y nos explica que el negocio va muy mal y que, por si fuera poco, tiene hambre porque es Ramadan. Al ver que ni por esas, nos pide un donativo, supongo que a cambio del "regalo". Decido aprovechar la oportunidad y le digo: te doy 10 dh. si me dejas hacerte un par de fotos. Me flipa la tecnica que tiene y quiero captar en la foto el movimiento del torno y como salen volando las virutas de madera. Acepta. Le doy la pasta y me pide mas, porque es Ramadan. Pero el Ramadan es muy bueno para la salud, como me han explicado ya en repetidas ocasiones.

Nosotros no estamos para hacer muchos experimentos con el estomago, asi que decidimos ir a comer algo ligero. En la guia encontramos el que dicen que es el unico restaurante vegetariano de Marrakesh. La comida resulta pesada, no esta mala y es carisima. Salimos a pasear por una calle en la que cada dos pasos pretenden vendernos una excursion en 4 x 4. Al decirle que no nos interesa, un tipo empieza a insultarnos en arabe con cara de odio.

Hay que escapar de esta ciudad. Tiramos hacia la estacion de autobuses para comprar los billetes para Essaouira. Salimos de la medina. Junto a las murallas, preguntamos a tres tipos que estan junto a un carro de fruta. Nos indican que hacia alla. Tras una buena caminata a pleno sol preguntamos en una farmacia (en la que, por cierto, tienen un aire acondicionado riquisimo). Resulta que los otros tipos nos han mandado en direccion contraria, para que conozcamos mejor la ciudad. La estacion esta justo al lado de las murallas. Cruzamos por un paso de cebra que debe de ser meramente orientativo, los coches nos esquivan, pero ni siquiera aminoran.

En la estacion, cada companhia tiene su ventanilla. La nuestra es la numero 7. El tipo lleva una toalla en la cabeza, no habla frances ni ingles, pero hace unos tejemanejes sospechosos y cambia de opinion a cada instante sobre los horarios que hay y que no hay, lo que cuesta el billete y si el bus lleva o no lleva aire acondicionado. Segun la guia, el billete cuesta 35. En un papel que hay pegado al cristal pone 45'50. El tipo dice que 60 y, ante mis dudas, explica que los del mediodia si que cuestan 45, pero no llevan aire, a pesar de que viajan con todo el solajero.

Sospechando otro enganho, nos vamos a la ventanilla de la compahnia mas oficial, CTM. El tipo habla ingles, pero no te mira a la cara cuando habla. Dice que el bus cuesta 70. Me sorprendo de que sea tan caro y se pone a gritar que cuanto quiero pagar y que si no me gusta, que me vaya. Si no estuviera protegido por un cristal, le habria tirado la guia a la cabeza.

Volvemos al tipo de la toalla en la cabeza, le pagamos los 60 que nos pide y compramos los billetes para el segundo bus de la manhana, a las 9. Hay que escapar de Marrakesh lo antes posible. No cogemos el primero para no perder el desayuno del hotel.

Junto a las murallas hay un grupo de tipos pegandose bofetadas. Luego empiezan a lanzarse piedras, que, casualmente, vuelan en nuestra direccion. Aceleramos el paso y cruzamos la muralla, alli hay mas gente. No tenemos ganas de mas aventuras, asi que nos metemos en un taxi dispuestos a armar un pollo si el tipo no pone el taximetro, pero el taxista, que tambien lleva una toalla en la cabeza, lo pone y nos cobra solo 7 dh. Nos vamos al hotel, a ducharnos y a echar una siesta. Me levanto con algo de fiebre, tal vez del exceso de sol.

A las seis y pico salimos otra vez. No sabemos que hacer. Ya no nos apetece pasear mas por esta ciudad. Intentamos ir al ciber, pero ya estan cerrando, horario de Ramadan. Nos dicen que volvamos a las 8. Intentamos comer algo, pero tambien nos mandan volver a partir de las 8. Compro datiles en un puesto y nos sentamos en una terraza repleta de turistas. Delante, dos chicos dan volteretas y saltos mortales y luego pasan la gorra. El camarero ni nos mira. Entretanto pasan un ninho de pestanhas larguisimas vendiendo clinex y un vejete con chilaba pidiendo limosna. El ninho acepta un punhado de datiles, se los come, coge otro punhado y se va. El anciano los coge, me da las gracias, los mete en una bolsa de plastico donde lleva unos panecillos y se va. Todavia no puede comerselos porque no se ha puesto el sol. Tras mas de veinte minutos de espera, el camarero se digna a atendernos, le pregunto el precio del te con menta, dice que 12 dh., nos levantamos y nos vamos. Encontramos internet en otro sitio, le decimos al chico que cuando quiera cerrar que nos avise, dice que no hay problema. Cuando oimos al muecin dando la senhal de que ya se puede comer, nos levantamos para pagar y dejarle desayunar, pero resulta que nos ha dejado encerrados. Vuelve al cabo de diez minutos, aun masticando y con cara de contento.

Cerca de la plaza vemos un restaurante repleto de marroquies. En una pizarra pone: ftour 30 dh. El ftour es el desayuno tras el Ramadan, que se come tras la puesta de sol. Incluye harira (sopa espesa de garbanzos y fideos), huevo duro, datiles, crepes con miel y pastelillos. Vamos a entrar, pero el camarero, bastante borde, nos dice que solo podemos cenar a partir de las 8. Mosqueado, le digo que queremos tomar el ftour como todo el mundo. Nos deja entrar. La harira es la mejor que he probado hasta ahora. Nuestro vecino de mesa, al verme haciendo fotos del menu, me explica algo sobre el ftour, etc.

A partir de aqui la cosa se va relajando. Son nuestras ultimas horas en Marrakesh, la ciudad que habia de ser la guinda del viaje, y, ya que la visita ha sido basicamente horrible, decidimos sacar partido fotograficamente al menos. Volvemos al hotel y salimos pertrechados unicamente de los objetivos de caza. Estoy tan harto de que nos traten mal, nos insulten y nos roben dinero, tiempo y energia, que no pienso tener el menor reparo en robar unas cuantas fotos. Hoy no voy a pedirle permiso a nadie.

Curiosamente, hoy nadie nos asalta ni nos insulta como ayer. Por el zumo en un puesto y el te en otro pagamos el precio adecuado. Entablamos conversacion con un chico que se llama Rashid y que es licenciado en Filologia Hispanica, como yo. Y un camarero con gorro de cocinero, seguro de que le daremos una buena propina, nos posa amablemente para las fotos. No entiendo nada.

Aun asi, dudo que vuelva a Marrakesh. Otra vez mas, con ese afan por exprimir a los extranjeros, les va a salir el tiro por la culata, al menos en mi caso. ?Como se puede pensar tan a corto plazo? Asi no gana nadie. Ni yo me encuentro a gusto aqui, ni tengo ganas de relajarme y gastarme la pasta en pijaditas, ni pienso volver de vacaciones ni recomendarle a nadie que venga.

Por una vez duermo bien. La cama es comoda y el aire funciona bien. Ni siquiera me molesta el ruido de la plaza.

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