Diana a las 6. Me duele todo del aerobic de ayer. Por suerte pasa un taxi. Es el primer taxista que nos pone el taximetro. Compramos unos pasteles para desayunar, tienen buena pinta, pero esta claro que a los marroquies no se les da bien la pasteleria europea. Cogemos el tren de las 7:20, que va tan lleno que tenemos que ir de pie junto a la puerta, rodeados de gente y maletas. Nos tomamos un zumo donde ayer y cogemos un taxi a la mezquita, que curiosamente tambien pone el taximetro y nos cobra solo 8'5 dh. Con nosotros sube otra chica empanhuelada, que se baja por el camino.
A la mezquita llegamos los primeros. Mientras esperamos, Abdou me llama al movil para saludar, pero que majo que es. La entrada cuesta 120 dh., es decir, un paston. Solo hay visitas guiadas. Elegimos el grupo de espanhol, porque hay menos gente. La mezquita es opulenta y horterilla, tiene un minarete altisimo, suelos de marmol, una decoracion riquisima, un hammam de lujo, pero que no esta abierto al publico... Y, bueno, si, impresiona, pero por lo que cuesta, me quedo con la Alhambra. Desde luego, que cantidad de dinero se gastan todas las religiones en edificar templos en vez de ayudar a los fieles... En nuestro grupo hay un espanhol capullito que se dedica a hacer preguntas a la guia de tipo: "?y por que las mujeres y los hombres tienen que rezar por separado?", a lo que la guia, con sentido del humor, replica: "porque nosotras rezamos en la misma posicion que los hombres". El no lo pilla. "Por la concentracion", anhade. Nada, que no lo pilla. Al final de la visita la guia sugiere que podemos dejar un donativo. Cierto es que la entrada cuesta una pasta y que deberian pagarle un sueldo digno, pero dudo que sea asi. Por si acaso, le dejamos unos cuantos dirhams. Somos los unicos. El espanhol sale despotricando sobre lo mal que le parece que le presionen, etc.
A la salida estamos tan cansados que nos sentamos debajo de una arcada, apoyados contra una columna y las mochilas, y nos echamos una siesta de casi una hora.
Buscamos un taxi, un tipo nos indica que subamos, lleva una camiseta donde pone en polaco "na zdrowie", se niega a poner el taximetro y quiere 40 dh. Nos bajamos. De todos los taxis que hay en la parada, ninguno quiere llevarnos. Al otro lado de la calle paramos otro, que pone el taximetro y la carrera nos cuesta 15 dh. Comemos algo a toda velocidad y vamos a coger el tren, que llega con media hora de retraso. Los compartimentos van a tope, por los pasillos no hay quien pase. En un compartimento hay dos sitios, pero me dicen que no hay. ?Como que no?, pregunto. No hay. ?Va alguien ahi? Si, dicen. ?Quien? No contestan, pero no quitan los pies ni las bolsas de los asientos. Un par de vagones mas alla los asientos son como en un autobus, ya sin compartimentos. Deberian patentar el tren-hammam y cobrar mas por los billetes, porque alli uno suda mas que en un banho arabe. Y eso que una pegatina pone: aire acondicionado. Pero de las rejillas el aire sale caliente. Los que pueden abren las ventanas, pero la nuestra esta bloqueada. Y nosotros, otra vez vestidos "modestamente". Vamos tan muertos de sed y calor que le dejamos al tipo del carrito que nos clave 36 dh. por dos refrescos y un agua.
Vamos a Marrakesh, aunque nos han dicho que hace casi 50 grados y, encima, manhana empieza el Ramadan.
El cansancio empieza a hacer mella en nosotros. Tras una cinco horas de viaje, llegamos con una de retraso a Marrakesh.
Delante de la estacion, un monton de gente espera el taxi. Pero los taxistas prefieren a los turistas, a los que pueden cobrar varias veces mas por el mismo trayecto, y van en su busca, pasando olimpicamente del resto. Por llevarnos al centro, de buenas a primeras, nos piden 60. Ni en Madrid costaria eso. Le digo al tipo que solo aceptamos lo que marque el taximetro. Baja la tarifa "oficial" hasta 20, pero sigue sin querer poner el taximetro. Ni siquiera cuando, utilizando el mismo truco que en la India, le ofrezco cinco dirhams a mayores. Eso significa que la carrera en realidad cuesta menos de 15 dh. Pero los guiris que hay a nuestro alrededor van aceptando cualquier cosa. Al final acordamos ir por 20, pero cuando el taxista nos lleva a su vehiculo, este ya esta lleno de marroquies que estaban esperando en la cola. El taxista empieza a sacar las bolsas y a tirar a la gente del brazo para que salga, se monta una discusion y nosotros les indicamos a los marroquies, por gestos, que se vayan tranquilamente, que no pensamos colarnos asi. Otro tipo, que tambien pedia 60, acepta llevarnos por 20 y luego sigue buscando clientes para llenar el taxi, a 20 por cabeza. Pasamos de el. Al final otro, que no ha encontrado clientes mejores, nos lleva por 20. Se ha dejado el taximetro puesto y vemos que, como yo sospechaba, el precio normal deberia haber sido 15.
Ya en el centro, empieza la cuestion del alojamiento, que es un poco complicada. Resulta que ayer Natsko, la chica japonesa que conocimos en Casablanca, nos recomendo un albergue que lleva una japonesa y que, segun le han dicho, esta muy bien, muy limpito y tal. El sitio se llama House 13, pero en internet solo aparece en japones y no viene la direccion. Natsko nos dio el telefono. Llame desde la estacion de Casablanca: primero cogio una japonesa que no hablaba ingles ni frances, y luego me puso con un marroqui que hablaba algo de ingles. Mas o menos nos entendimos. Lo malo fue cuando me quiso dar la direccion, en arabe. Me repitio diez veces el nombre del sitio, y yo, con el mapa delante para ver si lo reconocia, no lo entendi. Como punto de referencia apunte algo como "lissi Mohammed 5". En el mapa la avenida de Mohammed V no estaba lejos del centro, asi que por eso cogimos un taxi hasta alli y luego empezamos a preguntar a la gente por el "lissi Mohammed 5", pero nos decian que habia dos. Al final entramos en un hotel y le pedimos al recepcionista que hablara por telefono con el chico, pero resulta que cogio la japonesa y le colgo. A la segunda cogio el marroqui, se entendieron, el portero del hotel nos metio en un taxi (asegurandonos que los 25 dh. que nos exigia el taxista eran "aproximadamente" lo mismo que pagaria el mismo por ese trayecto) y llegamos hasta lo que resulto ser el "Lycee Mohammed V", es decir, un instituto, delante del cual nos esperaba el chico marroqui, Azou. Nos metio por una cuadricula de casitas, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda, a la derecha, y llegamos al House 13, donde la japonesa que lo regenta no habla ningun idioma que nosotros entendieramos. Llego otra japonesa, Shiina, que chapurreaba el ingles. La clientela, toda japonesa. Konichiwa. El libro de registro, todo en japones. Nos preguntan asombrados como es que hemos ido a parar alli. Los precios, tambien japoneses, nos ensenhan una habitacion doble preciosa por 480 dh., asi que nos quedamos en un dormitorio de 6 colchones, a 120 dh. por persona. El sitio, efectivamente, limpio y cuidado, con bonitos azulejos. En nuestro dormitorio esta tambien un chico que estuvo estudiando espanhol en Barcelona medio anho con un profesor que le hablaba en catalan. Es de Kawasaki y se llama algo asi como "Tsukasa", pero podemos llamarle "Tu casa". Nos hace de guia hasta la famosa plaza Djemaa el-Fna, el epicentro del turismo en todo el pais. Por el camino me hace gracia oir a un japones y una polaca hablando en espanhol sobre la Segunda Guerra Mundial.
Nuestro alojamiento parece estar un poco lejos de la plaza y las calles que hasta ella conducen, si me las imagino de noche, me dan mala espina. Dado que manhana comienza el Ramadan y que, segun nos han dicho, el apogeo de la vida es despues de la puesta de sol, preferimos buscar otra cosa mas cerca de la plaza. El hotel CTM se encuentra en plena plaza, algunas habitaciones dobles tienen aire acondicionado y, en comparacion con el House 13, no sale caro. Manhana nos cambiaremos.
Marrakesh bulle, tiene una energia densa y mixta, me vienen reminiscencias de Benares, aunque aqui no es tan fuerte.
La plaza, a priori, nos da muy buen rollo y promete grandes fotos. Es enorme, como un par de campos de futbol juntos, y esta flanqueada por minaretes, uno de los cuales parece la Giralda de Sevilla (no en vano son dos de las tres torres almoravides que quedan en pie). Por todas partes hay puestos de comida, cientos de ellos, iluminados con bombillas o lamparitas. Aqui asan pinchitos, aqui dan tajines y harira... Hay puestos de zumo con las naranjas amontonadas en hileras y carros con cajas y cajas de distitntas variedades de datiles, higos secos, etc. En otros dan sopa de caracoles, tienen grandes cuencos y palanganas donde se amontonan las conchas de los moluscos. El sol se esta poniendo y sobre la plaza se elevan columnas de humo que traen el olor de la carne asada.
Nos metemos entre los puestecillos de comida, los camareros nos agarran del brazo, nos zarandean, nos plantan la carta grasienta delante de los ojos y nos insisten, chapurreando espanhol, en que alli se come mejor. No aceptan una negativa y no entienden que no tengamos hambre, que ya hayamos comido, que nos duela la barriga ni que no hablemos espanhol. Acabamos pasando entre ellos pasando de ellos. Uno suelta, en un espanhol mas o menos inteligible: si en Espanha hay crisis, para que venis aqui sin dinero, quedaos alli. Logramos escapar del primer pasillo de puestos. Por nuestro lado pasa un grupo de jovenes con aspecto chulesco, algunos llevan la camisa desabrochada y pesadas cadenas al cuello, otros parecen salidos de un partido de baloncesto de colegio, el uniforme de algun equipo de la NBA les queda grande. Uno, con un corte de pelo de videoclip rapero, senhala mi camara y me dice en frances: eso es mio. Me rio como si fuera una broma, aunque no me hace gracia, pero todo el grupo me mira fijamente. El tipo repite: eso es mio, despues nos vamos a ver y te lo voy a pedir. Pues le va a costar encontrarme entre esta multitud. Pensamos comer algo, pero el acoso de los camareros del segundo pasillo nos quita las ganas. Al ver mi mueca de hastio, uno dice agresivamente: si no te gusta esto, vuelvete a tu pais. Exactamente lo mismo que muchos espanholes dicen.
Decidimos cenar en otro lado y, de momento, tomarnos solo un zumo. Hay como cinco puestos en fila. Al vernos dudando, nos empiezan a llamar a voces de tres sitios distintos. !Aqui, aqui, aqui! !Solo 3 dh.! Nos decidimos por uno cualquiera. El zumero pregunta, en espanhol: "?naranja, pomelo o mixto?". Pedimos dos mixtos, nos los tomamos de un trago y le tiendo 6 dh. al tipo. Los coge, los mira, me mira y me dice: son quince por persona. ?Como que quince? Se une su companhero, de forma muy agresiva: el pomelo cuesta 15. Agarra el carton donde pone "3 dh.", le da la vuelta y por detras hay un pequenho menu donde, escrito con rotulador, se lee: "Pamplemousse 15 dh.". Cabreado, busco la palabra "timadores" en mi limitado vocabulario frances, mientras ellos siguen gritando y amenazando. Nos damos media vuelta y nos piramos de alli.
Abrimos la guia a ver si recomiendan algun restaurante tranquilo por la zona. Nos rodea un enjambre de mujeres empenhadas en hacernos un tatuaje de henna, incluso a mi. Dos calles mas alla encontramos el restaurante que dice la guia, pero la cena resulta mediocre. Estamos cansados, hartos e incomodos, y encima a ambos nos ha empezado a doler la barriga.
Atravesamos la plaza e intentamos encontrar el camino de vuelta por calles abarrotadas de gente. Los del albergue nos han advertido que tengamos mucho cuidado con las carteras y las camaras. En semejante gentio somos presa facil para los carteristas. A medida que nos alejamos de la plaza va disminuyendo la proporcion de turistas, pero las calles siguen llenas, entre la muchedumbre se abren paso a la fuerza motos sin luces: de repente la gente se aparta como las aguas del Mar Rojo y emerge un ciclomotor al que hay que hacer sitio empujando a los transeuntes mas cercanos. La multitud se comprime y se expande como algun material moderno. Un tramo mas adelante la corriente se diluye un poco. Un crio de unos 10 anhos y mirada perdida nos dice que adonde vamos, que alli no hay nada, que si buscamos hotel y que si quiero un porro. Otro tipo, ya mayor de edad, me susurra al oido: "?hashish?". En la calle ya casi no hay nadie. Al doblar una esquina un tipo empieza a seguirnos, gritando desde lejos: "it's closed! it's closed!". Giramos, cogemos un callejon que no es, el tipo viene detras sin parar de repetir su frase, damos media vuelta, el tipo nos sigue, por fin encontramos el callejon del House 13, pero no recuerdo donde he metido la llave, el tipo se ha parado a nuestro lado y sigue repitiendo "it's closed", tanteo todos los bolsillos, doy con ella, la meto en la cerradura, la giro, pero no se abre, se me ha olvidado que aqui generalmente hay que girar la llave hacia el lado contrario de lo que pareceria logico, llamo con la aldaba, pero nadie abre, por fin logro abrir, entramos, el tipo se queda fuera. Como en una pesadilla.
En el albergue, las japonesas y Azou se preocupan por nuestro estado y nos cuidan. Shiina nos trae un sobrecito de sales para disolver en agua, Azou nos hace tragarnos una cucharada sopera de comino en polvo y a continuacion una taza de agua hirviendo. Llega Tsukasa, conversamos un rato.
Duermo fatal, el ventilador no da abasto con toda la habitacion y solo me refresca un poco los pies, pero no se si se puede dormir en gayumbos en un dormitorio lleno de japoneses que duermen vestidos. Sudo, me duele la barriga, en una esquina de la habitacion resplandece el portatil de una japonesa que esta viendo una pelicula como si se tratara de Poltergeist.
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