domingo, 8 de agosto de 2010

De Fez a Meknes

Por la noche llovizno un poco, pero estabamos tan cansados que ni nos importo. Entre suenhos oi al muecin, pero dormi como un tronco, hasta el punto de que mi mochila con la camara y los objetivos, cuyas asas habia enredado en mi brazo para que no me la chindaran, aparecio al otro extremo del catre improvisado. Nos despierta el sol, aunque con el cambio de hora son solo las 7. Amanecemos manchados de carbonilla, se ve que hay alguna chimenea por alli cerca.

Vamos a desayunar al Clock, porque necesitamos un banho decente y limpio. Tiramos la casa por la ventana: huevos revueltos, cafe con leche, batido de frutas. Es curioso como se pierde la perspectiva. La cuenta final no es tan terrible, equiparable a lo que en Europa habria costado un desayuno asi, pero hemos pagado por persona 20 veces lo que ayer por desayunar. Pero el Clock es como un enclave europeo en Fez.

Pasamos por el Cascade a recoger las mochilas, nos encontramos a Marc y Victor y nos despedimos de ellos.

El taxista no quiere decirme cuanto cuesta la carrera hasta la estacion. Da igual, dice. A mi no me da igual. 20 dirhams, dice. Ya estamos regateando de buena manhana. 10, digo. El: 20. Yo: 15. El: 20. Yo, 15, porque se que eso es lo que cuesta. Subimos. Con las mochilas apenas cabemos en el Peugeot 205. Por el camino, insinua que 20. No, 15. Al llegar, le doy 20 y se pone super contento y nos desea buen viaje. No se cual es su razonamiento, pero el mio es: si el me cobra 20, o aceptamos de mala leche, o, directamente, nos vamos a buscar otro taxi que nos cobre lo justo. Al haber aceptado llevarnos por 15, el tipo ha acabado ganando lo que queria gracias a una propina que ningun marroqui le habria dado; y, ademas, todos estamos contentos. Debe de ser una cuestion de orgullo, pero que poco nos gusta sentirnos enganhados. Y no me sive aqui el argumento del poder adquisitivo: si elijo como destino de viaje en este caso Marruecos es, entre otros motivos, porque no puedo permitirme, por ejemplo, ir a Islandia o a Noruega o a Nueva Zelanda. El dia en que cueste lo mismo, la eleccion de pais sera mas dificil y, si elijo otra vez Marruecos, no podre pasar tanto tiempo alli, con lo cual ellos tampoco saldran ganando. Se que el asunto es complicado, pero de momento lo veo asi.

La estacion de Fez es moderna, elegante y limpia. La cola va muy rapida. Compramos los billetes y aun nos da tiempo a tomarnos un zumo. El tren es moderno, pero no tiene aire acondicionado, parece una sauna. Las mujeres se abanican como pueden, todo el mundo chorrea sudor, un senhor se desabrocha la camisa.

En Meknes vamos paseando hasta el centro. Debajo de las mochilas (y yo llevo dos, una delante y otra detras), extensas manchas de sudor. El hotel que recomienda la guia no esta mal, pero ha subido mucho de precio. Vamos en busca de otro. Es cutre, pero la doble cuesta solo 100 dh. La ducha se paga aparte, pero prometo ducharme con agua fria.

Paseamos por la medina de Meknes. Como la de Fez: paredes de color crema u ocre claro, portones metalicos de color marron. Al principio pensamos que vamos a echar de menos los puestos para turistas, pero alguno que otro si que hay. Mas adelante no: todo es un gran bazar, pero para los de alli. Empieza a cansar tanto andar entre tiendas. Menos mal que casi nadie intenta vendernos nada.

Comemos en un restaurante desde cuya terraza se divisa la plaza principal, que es enorme, pero, a excepcion de los cafes con sombrillas que bordean uno de los lados, esta desierta. Pedimos cuscus con verduras. De repente empieza a llover, se desata una tormenta y el viento empieza a derribar las sombrillas de la plaza y las que nos tapaban.

Cuando amaina, volvemos a la estacion a comprar los billetes para manhana. Hemos decidido cambiar de planes, porque ir hasta el desierto con este calor es un poco suicida, y dirigirnos hacia la costa. Nos hace falta un cambio de aires.

Estamos un poco aburridos. Incluso nos planteamos ir al cine, pero en los dos que vemos por el camino solo ponen peliculas en arabe. Volvemos a la plaza principal y nos sentamos en una de las terrazas a observar a la gente. La variedad de rasgos es mucho mayor de lo que parece, los matices de la piel tambien. Se mezclan los rasgos arabes, bereberes y, en menor medida, subsaharianos y europeos. Hay marroquies que podrian ser espanholes y otros que parecen senegaleses. La ropa tambien llama la atencion. Las mujeres suelen ir vestidas de forma mas tradicional. Entre los hombres predominan los pantalones con la camisa por fuera, aunque tambien hay chilabas. A los jovenes les gustan las camisetas con letreros o con logos de marcas. Los pobres Dolce & Gabanna, Armani y Versace deben de trabajar como esclavos para abastecer el mercado marroqui. Tambien abundan las camisetas de futbol, sobre todo del Barcelona y de la seleccion espanhola. Algunas imitaciones son mas logradas que otras: se les ha colado un "Fabrigas" y bastantes "Espagnas".

La plaza cada vez esta mas concurrida. Se forman corros cerrados alrededor de musicos, acrobatas, etc. Desde donde estamos no se ve nada. Vamos a mirar un rato. Los musicos no son muy buenos. Un tipo tiene una serpiente, pero no hace nada con ella. En otro corro un viejo hace de arbitro y dos ninhos como de trece anhos boxean sin mucha conviccion. Es un espectaculo penoso y nos alejamos de alli, al fin y al cabo no faltan espectadores. Mas alla hay un contorsionista muy bueno, pero cada treinta segundos de show se echa una parrafada de veinte minutos, asi que nos vamos.

Desde una terraza se domina toda la plaza. Anochece. Hacemos algunas fotillos, nos tomamos un agua, charlamos. Se esta bien alli. Dicen que esa plaza es como un anticipo de la de Marrakesh. Ya veremos.

Internet y retirada. Manhana, hacia la costa, cerca de Casablanca. Espero que valga la pena. Meknes nos ha decepcionado, aunque las ultimas horas nos han quitado el mal sabor de boca.

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