miércoles, 18 de agosto de 2010

Ultimos instantes en Essaouira y odisea de vuelta

Desayunamos a las 8 y vamos a dar un paseo por la playa. Por fin lo hemos conseguido: hoy sí hay buena luz para hacer fotos. Hacemos un par de quilómetros esquivando a algún que otro camellero pesado, y a algún que otro camello (pero de los que venden) también.

A la vuelta al riad, nos pegamos una ducha y hacemos el equipaje, cosa que resulta complicadísima, pues estos últimos días hemos comprado bastantes cosas, algunas de las cuales ocupan mucho espacio (colchas) y otras requieren un embalaje aparatoso (cuencos, tazas y discos). Y parecía que no era tanto.

A la hora de pagar, le dejamos a la chica del riad 100 dh. de propina para repartirlos con la limpiadora. Se deshace en agradecimientos. Supongo que no debía de esperarse nada, después del regateo feroz del primer día.

Dejamos el equipaje allí y vamos a comer algo. Una harira pasable y un cuscús malísimo. Terminamos de escribir las postales. Para el largo viaje que nos espera compramos pan (que el dependiente manosea bien para demostrarme que es fresco), quesitos de La Vaca Que Ríe, galletas que luego resultarían ser añejas y unos pastelitos marroquíes más incómodos de comer de lo que parecen, básicamente porque luego te quedan las manos pringosas de miel.

Llegamos a la estación cargadísimos. La chica que controla el equipaje me permite subir al bus la mochila donde llevamos toda la cerámica, pero el conductor, con bastantes malos modos, no, lo cual termina en discusión, pero yo es que ya voy tan harto que no paso una, sobre todo si me tocan, agarran o empujan, algo muy habitual aquí.

El primer tramo del viaje, el autobús a Marrakesh, dura tres horas. Justo debajo de una pegatina de "terminantemente prohibido hablar con el conductor", el busero va todo el tiempo de cháchara con algún colega que se ha encontrado. En la parada de mitad de camino nos piden 25 dirhams por un helado. "Es Agadir", nos dicen. Pasamos del helado y de Agadir.

El bus nos deja justo delante de la estación de tren de Marrakesh. Nuestro tren es grande y parece vacío, pero en todos los compartimentos hay dos personas tumbadas haciéndose las dormidas y ocupándolo todo. Llegamos a un vagón sin compartimentos, que va vacío. Mucha gente entra con bolsas de McDonald's, pero nadie come todavía. El tren arranca. El revisor promete avisarnos en nuestra parada. Media hora después se pone el sol y la gente ataca sus hamburguesas medio frías. En un extremo del vagón dos tipos van pendientes de un portátil, escuchando música tan alta que los pobres altavoces distorsionan. Van haciendo zapping de canciones, no dejan que termine ninguna. Me acerco a pedirles si por favor no podrían bajar un pco la música. De repente, a pesar de que antes me han hablado en inglés, no entienden el inglés ni los gestos. Al final lo hacen magnánimamente, un poco y un rato. El revisor no aparece, pero por el movimiento está claro que estamos llegando a Casablanca, tras otras tres horas y pico de viaje.

Este tren va igual que el anterior: los compartimentos, ocupados por gente repanchingada; el vagón corrido, vacío, pero luego se irá llenando en cada parada, y son muchas. Es ya de noche. El viaje durará ocho horas. Por el pasillo desfila gente sin parar, con paso tan decidido que el suelo tiembla, como si tuvieran gestiones importantes que hacer. Algunos van y vuelven seis veces seguidas. No hay quien pegue ojo. Cuando por fin paso al otro lado de la frontera del sueño, un tipo que no es revisor, pero que acompaña a éste, me pega unas bofetaditas en la pierna y me indica que no perdamos de vista el equipaje. Pero yo lo que quiero es dormir, las mochilas, primero, que pesan demasiado como para que cualquiera las baje sin despertarnos; segundo, que ya las he asegurado haciendo mil nudos con todas las correas; tercero, que me dan igual, que yo lo que quiero es dormir. La mochila de la cámara la llevo debajo de las piernas y sujeta de tal modo que tendrían que cortarme un pie para quitármela. Pero dormir es imposible: hay más movimiento que en el metro de Madrid, la gente pasa gritando, chocando con los que estamos sentados, aquello es una locura.

Son las dos de la mañana y he conseguido despistarme lo suficiente como para entrar en el limbo de la duermevela. En alguna parada se ha subido un tipo y se ha sentado más o menos enfrente de mí, pero en otra fila de asientos (los asientos de enfrente de nosotros van ocupados por nuestros pies). El tipo se pone a silbar. Usa sólo dos notas, como un pájaro sin talento, y, con la mirada perdida en el infinito, repite una melodía que ha inventado: ti-tu, titi-tu... ti-tu, titi-tu... La gente de alrededor lo mira, al cabo de un rato algunos empiezan a cambiarse de sitio, pero el tren ya va lleno y no hay muchas opciones. Le hago gestos de que hay gente intentando dormir, pero el tío pasa de todo. Mosqueado, me acerco y me siento enfrente de él. Con voz exageradamente melosa, le explico la situación. Para variar, no entiende francés. En español chapurreado dice que él siempre "chifla", en casa también, y que le da igual molestar al resto porque él tiene "la cabeza así". Me pongo serio y para. Con algún que otro brote de inspiración, pero bueno.

A las tres y pico de la mañana empieza otra vez el revuelo. De repente todos los pasajeros del vagón sacan fiambreras con pollo y empiezan a comer. Una cosa inaudita. Bueno, hay uno o dos que, en vez (o además) de pollo llevan huevos duros y algún tipo de pan.

Por fin logramos dormir algo, a pesar de lo incómodo de los asientos y de las mochilas que llevamos atadas a las piernas. A las cinco y media de la mañana suena el despertador que he puesto para que nos dé tiempo a prepararnos tranquilamente. Ya ha amanecido. A las seis, efectivamente, el tren para, pero en otra estación. Más adelante, para otra vez, pero tampoco es la nuestra. Ni la siguiente. Ni la siguiente. Llegamos a Taourirt con más de tres horas de retraso.

En Taourirt el tren nos espera en la vía de al lado. No sabemos si es que nos han esperado tres horas para que cojamos la conexión o es ya el siguiente tren o qué. Pero no hay tiempo de comprar nada. Tenemos hambre y sed, pero ni agua ni comida. En nuestro compartimento van una señora y una chica que no paran de hablar en árabe y de reírse. Tardamos dos horas en recorrer unos cien quilómetros.

Y, tras veinte horejas de viaje ininterrumpido, nos encontramos por fin en Nador. Pasan de las once de la mañana. Por culpa del retraso, no sabemos si llegaremos a tiempo al ferry que queremos. Ni si habrá billetes. Más vale que sí, porque el siguiente sale a las cinco de la tarde. O a las diez. En la estación la cafetería está cerrada.

Un taxista nos ofrece sus servicios. Pregunto el precio y le explico que ya casi no nos queda pasta. Son diez dirhams por persona. Los grand taxis cobran una tarifa fija por persona, llevan seis pasajeros y no arrancan hasta que se llenan. Pero el nuestro arranca inmediatamente. Ya me huelo la maniobra, pero no tenemos tiempo para discutir. Efectivamente, al llegar el tío nos pide 70 dh. "por haber cogido el taxi completo", que luego, al ver que sé algo de matemáticas, rebaja a 60 (a ver, un problema de aritmética: seis plazas, a diez dirhams la plaza, son... hmmm...). Le digo que habíamos quedado en 10 dh. por persona y que nosotros no le hemos pedido que nos lleve solitos. Qué curioso, de repente no entiende francés, pero me sigue reclamando la pasta. No tenemos ganas de discutir. Le enseño que sólo me queda un billete de cincuenta, aunque no le enseño las monedas. Se da por contento.

Mientras tanto ya nos ha rodeado un enjambre de "ayudantes", como si después de tanto tiempo en Marruecos no fuéramos capaces de llevar las mochilas, comprar un billete o rellenar un formulario por nuestra cuenta. No hay modo de evitarlos. Uno dice que no hay barco a la una y que mejor que vayamos a otra compañía. No le creo, así que voy a preguntar. Se cuela delante de mí y le dice algo en árabe al de la ventanilla. Sí que hay barco a la una, pero no se puede pagar con tarjeta. Nos mandan a otra compañía, que tiene su oficina al otro lado de la calle. Allí nos dicen que en teoría sí que se podría, pero que no quieren y que vaya a sacar dinero. Y que falta media hora para que cierren en embarque.

Encontramos un cajero. Pido 1100 dh.: 490 para cada billete y algo de sobra para comprar agua y comida. El cajero me devuelve la tarjeta, pero no suelta la pasta. No me lo puedo creer. Entro en el banco, sale conmigo un segurata que me trata como si yo no supiera usar una máquina de ésas. Paso por paso va pulsando las teclitas y "me ayuda" a sacar 1500 dh., porque, según él, el cajero es caprichoso y no da cantidades que no sean múltiplos de 500, a pesar de que en la pantalla no pone eso. Total, que tengo muchos más dirhams de los que necesito y, encima, probablemente haya perdido 1100, es decir, casi 110 euros, pero no tengo cómo comprobarlo. Qué cabreo llevo.

Compramos por fin los billetes, pagamos en efectivo, pero nos mandan otra vez a la compañía de enfrente "a confirmarlos". No entiendo nada. La chica alaba "lo bien que hablo francés para ser español", y luego empieza a hablarme en un español perfecto. Un tipo que lleva un fajo de formularios en la mano insiste en rellenarlos por nosotros, luego empieza a insultarme, dice que le he prometido antes tal y cual y que le dé dinero. Sus insultos y amenazas revelan un nivel de español bastante alto.

Entramos por fin en el recinto de la estación marítima. Unos polis nos miran los billetes. Luego hay que andar un rato hasta el edificio. Dentro hay un bar, pero está cerrado. No tenemos ni una gota de agua para las próximas horas. Y el embarque a punto de cerrar.

Salgo corriendo, tengo que quitarme las chanclas para ir más rapido. Los polis de la puerta no entienden nada. Fuera de la estación marítima hay varios restaurantes. En el primero me cierran la puerta en las narices, espetándome que es Ramadán. El siguiente está cerrado. El cuarto también está cerrado, el jefe está leyendo el periódico, pero manda a un limpiador que vaya a buscar una botella, éste sube las escaleras, desaparece, tarda un montón y vuelve con una de medio litro, les explico que es poco, vuelve a subir, vuelve a tardar y vuelve a traer una pequeña. El jefe sonríe y no me las cobra. Shukran.

Vuelvo corriendo y chorreando sudor. Los polis me indican que pase sin mirarme ya el billete ni nada. Y todavía me sobran 500 dh. En la estación marítima hay una oficina de cambio. Está cerrada, como todo lo demás, pero la abren para mí. El cambio que me ofrecen es un timo tremendo, pero no tengo otra opción ni tiempo para discutir. En el control de equipajes les llaman la atención mis objetivos, pero a cambio no detectan los dos cuchillos que llevamos. Aún falta el control de pasaportes y de formularios, que con la historia del agua me he olvidado de rellenar. Somos los últimos en embarcar.

Nos vamos de Marruecos. Alhamdullilah.

Tras casi treinta horas de viaje ininterrumpido (un autobús, tres trenes, un taxi y un barco), casi sin comer ni beber ni dormir, llegamos al puerto de Almería.

lunes, 16 de agosto de 2010

Y mas Essaouira todavia

Amanece lloviendo. Desayunamos. La chica del riad dice que es raro que llueva asi en verano. No apetece pasear, asi que nos vamos a internet. Cuando por fin amaina, vamos a ver si conseguimos comprar los ultimos regalos. La idea es comprar unos pendientes para tal persona y un brazalete para tal otra. Vamos al zoco de los joyeros, que insisten en llamar plata a todo lo que reluce. Cogen los pendientes, los pesan en una balanza electronica y nos dan precios exorbitados, a pesar de que la mitad del peso corresponde al plastico de las piedras preciosas. La escena se repite en siete u ocho tiendas. "Pura plata maciza bereber", que digo yo que los bereberes no hacen otra cosa que trabajar la plata. Vista la cantidad de morralla que tienen en estas tiendas, los yacimientos de plata de Africa deben de estar a punto de agotarse. "Es que no necesitamos que sean de plata", explicamos. "?Entonces cuanto me ofreces?". Pero, vamos a ver: ?es o no es plata? En una tienda ya me mosqueo y le digo: esto no es de plata, y estos supuestos sellos no son mas que muescas hechas con unos alicates (bueno, la segunda parte no la digo porque no se decirla en frances). El tio se hace el ofendido: ?has visto alguna vez en tu vida plata? Plata no mucha, pero aluminio si. Aluminio que vale su peso en oro, o al menos en plata. Como dice Agata: esta hecho con tenedores viejos. Nuestras compras resultan un fracaso y seguimos sin tener ningun regalo para nadie.

Nos metemos a comer en un restaurantucho donde no hay casi nadie y suena una musica folclorica. Curiosamente, el menu sale mas caro que pedir todos los platos por separado. Se lo digo a los espanholes de la mesa de al lado, que estan a punto de pedir un menu. Pedimos sendas hariras y un plato de kefta. El camarero es un maleducado, pero habra que ser comprensivos, al fin y al cabo seguro que tiene hambre. Nos traen una harira regularcilla. La musica folclorica procede de un cede rayado y cada cuarenta segundos la cancion vuelve al mismo sitio. El sonido es como un hibrido de gaita con gato rabioso y nos esta volviendo locos. Los chicos de la mesa de al lado se quejan. Llamo al camarero y le digo con mi frances mas educado si no podria cambiar el disco. Dice que no, que al resto de los clientes les gusta. Se va, sube el volumen de la musica y se pone a tararear. Mosqueado, le digo que ya no queremos la kefta, que nos traiga la cuenta que nos vamos. Dice que ya es demasiado tarde, que ya esta en camino. Le digo que no pienso comer con ese estruendo insoportable. Pasa de nosotros. Nos levantamos y nos vamos, dejando sobre la mesa 20 dh., cuatro mas de lo que cuestan las sopas. Al momento el tipo sale corriendo detras de nosotros, me zarandea del brazo y me empieza a gritar. Le digo que le he dejado el dinero encima de la mesa. Me llama ladron. Dos segundos despues estamos rodando por el suelo, mientras se reunen los espectadores. Cuando ya han visto suficiente espectaculo, nos separan. Tengo la camiseta hecha jirones. Dos tipos que han presenciado la escena hacen gestos como diciendo que el otro esta loco y dicen: es el Ramadan. Pues no se si sera el Ramadan, pero vaya escena mas penosa e innecesaria. Menos mal que se ha quedado en eso.

Volvemos al hotel a tranquilizarnos. Me ducho. El tiempo sigue nublado, pero decidimos irnos a la playa. Paseamos un rato, pero mas alla los quads revolotean como locos. Buscamos una zona mas o menos vacia y nos tumbamos, los dos en mi toalla porque Agata se ha olvidado la suya. Para caber los dos tenemos que solaparnos un poco. Ella apoya la cabeza en mi pecho y me pasa el brazo por encima. Yo estoy en banhador, y ella, totalmente vestida, con falda y camiseta. Estamos a punto de quedarnos dormidos cuando un tipo se planta a nuestro lado con una bandeja y empieza a gritar: "!italiano! !eh, italiano!". Paso de el. "!Italiano! ?Spice cakes?". No quiero ninguna galleta, ni con marihuana ni sin ella. De muy malos modos, amenazante, empieza a decirme que ayer hablamos delante del Sofitel y que prometi comprarle galletas despues. Seguro que no fui yo. Se pone a gritarme en arabe y luego, mezclando algo de ingles, nos senhala a Agata y a mi, que seguimos tumbados, y suelta: "Ramadan! No sex!", y hace ruido como de vomitar. Pero, vamos a ver, alma de Ala: primero, ?tu has visto sexo alguna vez en tu vida? Y, segundo, si es Ramadan, ?para que carajo me ofreces galletas? No le contesto y se pira. Pero siento que es la gota que colma el vaso y que, por si me quedara alguna duda despues de lo de Marrakesh, ya no quiero mas Marruecos.

Nos vamos de la playa. Junto al paseo maritimo hay unas duchas. Voy a abrir el grifo para limpiarme la arena de los pies cuando aparece un tipo con sonrisa de vendedor de coches y me dice: ?quieres una ducha? No me digas que hay que pagar. Si. Lo que me faltaba. Pues ya me lavare en el hotel.

Pasamos por una pasteleria donde compramos esta manhana unas galletas. Le pido una de nueces. Le pago con un billete de 20, me devuelve 16. Vamos a ver, esta manhana costaban tres, ?es que han subido de precio? El tipo me coge de la mano una de las monedas que me ha dado, de un dirham, la mira como si se hubiera confundido y me la cambia por otra de dos dirhams. Es que es una tras otra.

Lo intentamos en la pasteleria de enfrente. El quilo de galletas cuesta 60 dh. (y supongo que ya a precio para guiri). Le digo que solo quiero una. El tipo duda un momento y dice: 3'5. ?Me quiere hacer creer que en un quilo solo entran 17 galletas? Renuncio a la merienda.

Vamos a ducharnos y a cambiarnos. Decidimos hacer algo para relajarnos en este ultimo dia de vacaciones marroquies y entramos en el salon de masajes de al lado, pero la chica nos explica que estan a punto de cerrar por lo del Ramadan y que podemos volver manhana al mediodia.

Sin saber ya que hacer, decidimos ir a tomarnos un te y cenar algo, pero en ningun sitio dan de comer. A partir de las 8, dicen. Vamos de restaurante en restaurante y tiro porque me toca. Suena la sirena que anuncia el fin del ayuno por hoy. Pasamos por delante de la tienda del hombre sin diente, lo saludamos y le preguntamos que tal. Nos invita a pasar y a comer el ftour con el. Dudamos, porque la situacion nos corta un poco, pero insiste, asi que pasamos y esperamos a que termine con los clientes que tiene en este momento. Son dos chicos alemanes flacos y rubios. Uno pregunta cuanto cuesta la camisa. El contesta que 150, que es el precio que, como excepcion en Marruecos, pone en la etiqueta. El chico dice: te doy sesenta. El hombre le arranca la camisa de la mano, la coloca en una percha y empuja a los chicos fuera de la tienda. Luego nos explica: no soporto a los alemanes. En cambio, los polacos le caen muy bien. Sigue convencido de que yo tambien soy polaco, dado que hablo en polaco con Agata. Y, de pie alli mismo, comemos la mejor comida marroqui que hemos probado en todo el viaje. En segundo lugar quedan el tajin de pescado de Chefchaouen por 15 dh. y la harira del ftour en Marrakesh. Pero esto esta todo delicioso: una especie de rollitos de primavera increibles, un tajine de kefta (albondiguillas) estupendo, unos pastelitos riquisimos y, ademas, te de menta para beber. Todo preparado por la madre de Muhammad, que asi se llama nuestro anfitrion, y Aoui, su hermano, que tambien anda por alli. Charlamos un rato, aunque Muhammad no es muy conversador. Le agradecemos la estupenda cena-desayuno y nos desea buen viaje, etc.

Menos mal que el dia acaba con un acento positivo.

Vamos otra vez a buscar internet para terminar el diario de viaje, y a dormir.

domingo, 15 de agosto de 2010

Y mas Essaouira

Nos levantamos temprano, a las 7, para hacer fotos de la playa, pero el dia ha amanecido nublado y la luz no acompanha. Damos un paseito por el pueblo, que esta vacio. Volvemos al hotel a desayunar.

Vamos a comprar los billetes para la vuelta: autobus de Essaouira a Marrakesh, tren de Marrakesh a Casablanca, luego de Casablanca a Taourirt y de Taourirt a Nador, en total unas 18 horejas de viaje. Desde alli cogeremos un ferry a Almeria, para el que esperamos que no haya problema con los billetes. Delante de nosotros hay como cuatro clientes. El senhor de la estacion es muy amable y me habla despacito en frances. Cuando terminamos, hay como mas de treinta personas en la cola.

Decidimos ir a ver la playa que, segun la guia, hay al norte del pueblo. Por el camino vemos como es la vida fuera de la medina de Essaouira. Cada vez que preguntamos a alguien por la playa de Safi, todos nos indican la direccion contraria. !Pero si venimos de alli! Nadie puede creerse que queramos ir a la otra playa y no a la de Essaouira, ni siquiera escuchan la segunda mitad de lo que digo. Un grupo de extranjeras viene de arriba. Les preguntamos. Una francesa de labios siliconados nos dice que ni se nos ocurra ir hasta alli, que esta lejos y no vale la pena, esta todo lleno de basura y huele mal. Nos quita las ganas. Pero dice que un poquito mas adelante hay un mercadillo.

El mercadillo es de lo mas cutre que he visto. Se vende todo tipo de objetos requeteusados, de sexta o septima mano y utilidad misteriosa. Uno o dos turistas extraviados y, el resto, marroquies. Nuestros objetos favoritos, ganando en dura competicion a zapatos destartalados sin pareja, cassettes blancos con la cinta salida, teteras oxidadas, cargadores de moviles antediluvianos y libros para colorear ya coloreados, son las botellas de refresco vacias y polvorientas. Un senhor nos pide un precio exorbitado por unos brazaletes, pero no tiene ganas de regatear y nos regala una pulserita y nos da la bendicion.

Estamos cansados y de mal humor, no sabemos que hacer y nos vamos a echar una siesta que acaba prolongandose horas. Al salir del cuarto vemos algo moverse y, de detras de una mesa, emerge la cabeza de la limpiadora, que esta rezando. Intentamos pasar sigilosamente, pero con gesto decidido, aunque sin volver la cabeza, nos ordena dar la vuelta por detras de ella, supongo que para que no nos interpongamos entre ella y la Meca.

Cenamos en el restaurante donde comimos ayer. Tenemos suerte, porque cogemos la ultima mesa. Los camareros todavia no han empezado a servir, porque estan comiendo el ftour. Detras de nosotros, una cola enorme de gente. Debe de venir en alguna guia. No se libera ninguna mesa en una hora. A pesar de no haber comido nada desde el desayuno, no tenemos mucha hambre y no nos acabamos el cuscus.

A la vuelta pasamos por delante de la tienda donde el otro dia me compre los pantalones y la camisa. Le preguntamos al tio por su dolor de dientes. Ya esta solucionado. Me ensenha el primer hueco en su dentadura. A grandes males, grandes remedios.

Nos acostamos temprano.

sábado, 14 de agosto de 2010

Mas Essaouira

Un autentico dia de vacaciones.

Por la manhana, despues de desayunar, vamos a ver la playa, que empieza justo al lado de las murallas de la medina y se extiende hacia el sur. Todavia no hay mucha gente, pero se ve que ira llegando mas. Echamos a andar. La playa es extensa y preciosa, detras de nosotros queda el casco antiguo de Essaouira, a la derecha tenemos el Atlantico y, en primer plano, el islote de Mogador, a la izquierda primero se ven hoteles y, despues, dunas y dunas. Pasada la zona de los que estan tomando el sol, viene la de los que juegan al futbol. Despues, los que estan aprendiendo a manejar las cometas de kitesurf: algunos en el agua, la mayoria sentados en la arena intentando dominarlas. Mas alla, tipos que ofrecen (y casi obligan a aceptar) excursiones a caballo o en camello. La playa esta llena de montoncitos amarillos con restos de paja y, alternativamente, bolas negras dispersas como en medio de una partida de billar. Mas alla estan los quads, se ven familias enteras de excursion, siempre hay algun ninho rubio conduciendo uno. Debe de ser divertido eso de los quads, incluso me entran ganas, pero, joder, como turban la tranquilidad del lugar. Y seguro que no hacen ningun bien a las dunas. Seguimos andando y mas alla ya no hay mas que playa y dunas. Un paseo espectacular. Seria un paraiso si no fuera por los quads que van y vienen. Tambien pasa algun que otro jeep, en el techo van paquetes y personas acomodadas (es un decir) entre ellos. Playa, dunas y, por desgracia, muchisima basura. Caminamos hora y pico de ida, hasta perder de vista Essaouira, y otro tanto de vuelta, en total calculo que unos doce o quince quilometros bajo el sol de mediodia. Nos quemamos un poco, pero vale la pena.

Volvemos al hotel. Nos encontramos a la chica escuchando un disco con un senhor que canta el Coran. En cuanto entramos lo quita, pero le decimos que no nos molesta, que incluso nos gusta, y lo vuelve a poner, aunque mas bajo. Nos duchamos y salimos a comprar agua (estamos deshidratados) y a comer algo. Encontramos un restaurante que tiene buena pinta. Estamos zampandonos un cuscus cuando por la puerta entran Marc y Victor, que nos han visto desde fuera. Nos saludan, pero no se quedan mucho tiempo, porque se han propuesto seguir el Ramadan y no pueden ver la comida. Aunque lo que peor llevan, dicen, es lo de no poder fumar. Pero han conocido a un rastafari que, alucinado con lo de que a unos extranjeros les haya dado por ayunar, los ha invitado a cenar en su casa.

Damos un paseo, el pueblo nos resulta agradable. En una tienda de musica compro algunos discos marroquies. Volvemos al puerto a hacer fotos. Unos ninhos estan tirandose de cabeza desde uno de los bastiones que jalonan las murallas. La caida al agua es como de ocho metros. Y luego tienen que escalar otra vez.

Ya de noche, hacemos algunas comprillas. El viaje toca a su fin y habra que llevar algun que otro regalo. En un tenderete unos chavales dan buena cuenta del ftou. Tienen las ollas y los platos en el suelo. Estan de buen humor. Nos explican que en invierno el Ramadan es mas facil, porque son solo ocho o diez horas de luz durante las que no puedes comer ni beber (ni fumar ni practicar el sexo, pero eso no lo dicen), mientras que en verano tienen que aguantar como quince horas.

Nos retiramos tempranito.

viernes, 13 de agosto de 2010

De Marrakesh a Essaouira

El tipo que dormita en un catre tras el mostrador de recepcion no es el mismo con el que acordamos el precio. Quiere cobrarnos mucho mas "porque la habitacion tiene aire acondicionado". Pero se ve que el Ramadan le ha dejado sin fuerzas para discutir. El desayuno esta incluido en el precio y es de 8 a 11, pero a las ocho y diez todavia no han abierto la terraza ni parece que haya nadie rondando por alli. "Es que es Ramadan", dice el de recepcion. Si, pero no esperaran que ramadanicemos nosotros tambien, digo yo. Al fin y al cabo, segun el Coran los viajeros estan exentos del ayuno. Y los enfermos tambien. O sea, que tenemos doble excusa.

Compramos galletas y yogures en un bareto de la estacion donde nos tratan con desprecio. El patron, apoyado en el mostrador, da ordenes a un esclavo bajito que corre de aqui para alla subiendose a un taburete y colocando la mercancia. Junto a la ventanilla numero 7, un tipo nos coge los billetes y nos exige 10 dh. por cada mochila "facturada". Sin pensar mucho, se los doy, esperando un recibo, como hace la companhia CTM, que al menos proporciona un seguro de equipajes, aunque ridiculo. Pero el tipo se mete la pasta en el bolsillo. Cuando el bus esta a punto de arrancar, sube una senhora americana acalorada. Se niega a pagar la extorsion de 10 dh., diciendo que cuando vino de Agadir no tuvo que pagar nada. Le amenazan con dejar su mochila en tierra. El bus arranca mientras todos siguen gritando, pero en cada parada la americana se levanta y echa un ojo por si acaso. Sube un pasajero marroqui y le pregunto si el ha tenido que pagar por su equipaje. No sabe ni de que le hablo.

Por la carretera vemos un par de accidentes, entre ellos un camion panza arriba. Pero eso no arredra a nuestro habil conductor, capaz de manejar el volante y cambiar de marchas con una sola mano mientras con la otra sujeta el movil, que debe de tener pegado, el pobre, porque en las tres horas y pico que dura el viaje no se lo separa de la oreja.

El bus llega a una estacion pequenhita azul y blanca que parece construida a las afueras de algun pueblo del Oeste. Faltan los remolinos de pelusas rodando entre los cactus. Cuando el autobus abre las puertas, sin dejarnos bajar, un monton de tipos blandiendo tarjetas de visita empieza a asediar las escaleras gritando: "monsieur, hotel!".

Agata se encuentra fatal, se le ha juntado el mareo con lo otro. Tenemos que esperar un rato en el bar de la estacion. Un taxi nos lleva hasta la muralla de la medina por 6 dh., uno menos de lo que dice la guia. Aqui parece ser que los taxis tienen una tarifa fija: 6 dh. por cualquier trayecto durante el dia, 7 dh. si es de noche.

Vamos a mirar uno de los alojamientos que recomienda la guia. Es un riad, es decir, una casa con patio interior reconvertida en hotel. En el patio, una fuente de yeso, macetones con plantas y otras horteradas. Por suerte no tienen sitio, pero el recepcionista engominado y excesivamente servicial nos ensenha otro riad que hay cerca, mucho mas bonito y tranquilo. Negociamos un precio mas o menos sensato por tres noches. Son nuestros ultimos dias en Marruecos y queremos estar a gusto, aunque haya que tirar la casa por la ventana.

Descansamos un rato y luego vamos a comer algo. El pueblo parece tranquilo. Sopla un viento frio, toda la gente va abrigada, yo no se como a todos se les ha ocurrido traerse forros polares a Marruecos. La diferencia entre la temperatura de ayer en Marrakesh y la de hoy aqui es como de 30 grados. Vamos hasta el puerto y alli nos pilla la puesta de sol, muy pintoresca, con una vista de las murallas de la ciudad batidas por el mar y sobrevoladas por remolinos de gaviotas. Luego, paseando por el interior del pueblo, vemos una tienda con ropa muy bonita y entramos. El tio dice que le caen muy bien los polacos (Agata y yo hemos decidido hablar en polaco en las tiendas para que no nos comprendan y asi poder negociar con ventaja) y me monta un probador entre dos percheros. Al final le compro unos pantalones y una camisa muy bonitos. Se queja de que le duele mucho un diente. Le digo que mi padre es dentista, pero no puedo hacer nada. Pregunta si tenemos alguna medicina, porque las medicinas europeas son mucho mejores y mas baratas. Las marroquies, segun el, no sirven para nada.

Nos vamos a dormir.

jueves, 12 de agosto de 2010

Marrakesh: el primer dia de Ramadan

Nos levantamos, nos duchamos y nos vamos a dar una vuelta hasta Djemaa el-Fna. Pasamos por delante de un bar marroqui, en la terraza varias mesas blancas con sus respectivas sillas, todas vacias. Es el primer dia de Ramadan. Una manzana mas alla hay un bar para turistas. La terraza esta a rebosar. Por un te de menta nos cobran 10 dh., el doble de lo normal. A la vuelta, la terraza del bar marroqui tambien se ha llenado, pero nadie toma nada, todos estan sentados mirando la plaza como en el cine.

Volvemos al albergue japones a por el equipaje. En la tienda de la esquina compramos agua. El tendero nos pregunta si estamos bien. ?Lo sabe ya todo el barrio? Salimos con las mochilas, en la puerta nos despiden tres japoneses sonrientes (Tsukasa, la duenha que no habla ingles y otra chica que dormia en nuestro cuarto y que tampoco habla ingles) como si se tratara de una familia en cuya casa nos hubieramos hospedado una semana.

Nos instalamos en el hotel CTM, en plena plaza. Es la primera habitacion con aire acondicionado que tenemos en este viaje. Con casi 50 grados durante el dia, se agradece.

Damos un paseo sin rumbo por una zona de callejuelas y zocos. Un chaval se empenha en llevarnos a la zona donde tinhen las pieles, diciendo que justamente hoy es la fiesta del color. Pasamos por una zona donde los herreros martillean sus productos a la puerta de sus tiendas. Llegamos a un sitio donde un tipo nos empieza a explicar que los tintoreros ya han terminado su trabajo por hoy porque es Ramadan, me anuda un panhuelo azul a la cabeza a modo de turbante y luego intenta vendermelo sin exito. ?Consistira en eso la fiesta del color? Luego pasamos por delante de una tienda a cuya puerta un chico hace girar un torno al que ha fijado una rama y, sujetando un cincel entre los dedos de los pies, en cuestion de segundos da forma a algo que parece la pata de una cama Luis XVI en miniatura. Luego le hace un agujero, le inserta un cordelito dorado y nos lo da. Un regalo, dice. A continuacion nos obliga a entrar en su tienda, aunque le decimos que no queremos comprar nada, nos ensenha un monton de artilugios de madera feos e inutiles y nos explica que el negocio va muy mal y que, por si fuera poco, tiene hambre porque es Ramadan. Al ver que ni por esas, nos pide un donativo, supongo que a cambio del "regalo". Decido aprovechar la oportunidad y le digo: te doy 10 dh. si me dejas hacerte un par de fotos. Me flipa la tecnica que tiene y quiero captar en la foto el movimiento del torno y como salen volando las virutas de madera. Acepta. Le doy la pasta y me pide mas, porque es Ramadan. Pero el Ramadan es muy bueno para la salud, como me han explicado ya en repetidas ocasiones.

Nosotros no estamos para hacer muchos experimentos con el estomago, asi que decidimos ir a comer algo ligero. En la guia encontramos el que dicen que es el unico restaurante vegetariano de Marrakesh. La comida resulta pesada, no esta mala y es carisima. Salimos a pasear por una calle en la que cada dos pasos pretenden vendernos una excursion en 4 x 4. Al decirle que no nos interesa, un tipo empieza a insultarnos en arabe con cara de odio.

Hay que escapar de esta ciudad. Tiramos hacia la estacion de autobuses para comprar los billetes para Essaouira. Salimos de la medina. Junto a las murallas, preguntamos a tres tipos que estan junto a un carro de fruta. Nos indican que hacia alla. Tras una buena caminata a pleno sol preguntamos en una farmacia (en la que, por cierto, tienen un aire acondicionado riquisimo). Resulta que los otros tipos nos han mandado en direccion contraria, para que conozcamos mejor la ciudad. La estacion esta justo al lado de las murallas. Cruzamos por un paso de cebra que debe de ser meramente orientativo, los coches nos esquivan, pero ni siquiera aminoran.

En la estacion, cada companhia tiene su ventanilla. La nuestra es la numero 7. El tipo lleva una toalla en la cabeza, no habla frances ni ingles, pero hace unos tejemanejes sospechosos y cambia de opinion a cada instante sobre los horarios que hay y que no hay, lo que cuesta el billete y si el bus lleva o no lleva aire acondicionado. Segun la guia, el billete cuesta 35. En un papel que hay pegado al cristal pone 45'50. El tipo dice que 60 y, ante mis dudas, explica que los del mediodia si que cuestan 45, pero no llevan aire, a pesar de que viajan con todo el solajero.

Sospechando otro enganho, nos vamos a la ventanilla de la compahnia mas oficial, CTM. El tipo habla ingles, pero no te mira a la cara cuando habla. Dice que el bus cuesta 70. Me sorprendo de que sea tan caro y se pone a gritar que cuanto quiero pagar y que si no me gusta, que me vaya. Si no estuviera protegido por un cristal, le habria tirado la guia a la cabeza.

Volvemos al tipo de la toalla en la cabeza, le pagamos los 60 que nos pide y compramos los billetes para el segundo bus de la manhana, a las 9. Hay que escapar de Marrakesh lo antes posible. No cogemos el primero para no perder el desayuno del hotel.

Junto a las murallas hay un grupo de tipos pegandose bofetadas. Luego empiezan a lanzarse piedras, que, casualmente, vuelan en nuestra direccion. Aceleramos el paso y cruzamos la muralla, alli hay mas gente. No tenemos ganas de mas aventuras, asi que nos metemos en un taxi dispuestos a armar un pollo si el tipo no pone el taximetro, pero el taxista, que tambien lleva una toalla en la cabeza, lo pone y nos cobra solo 7 dh. Nos vamos al hotel, a ducharnos y a echar una siesta. Me levanto con algo de fiebre, tal vez del exceso de sol.

A las seis y pico salimos otra vez. No sabemos que hacer. Ya no nos apetece pasear mas por esta ciudad. Intentamos ir al ciber, pero ya estan cerrando, horario de Ramadan. Nos dicen que volvamos a las 8. Intentamos comer algo, pero tambien nos mandan volver a partir de las 8. Compro datiles en un puesto y nos sentamos en una terraza repleta de turistas. Delante, dos chicos dan volteretas y saltos mortales y luego pasan la gorra. El camarero ni nos mira. Entretanto pasan un ninho de pestanhas larguisimas vendiendo clinex y un vejete con chilaba pidiendo limosna. El ninho acepta un punhado de datiles, se los come, coge otro punhado y se va. El anciano los coge, me da las gracias, los mete en una bolsa de plastico donde lleva unos panecillos y se va. Todavia no puede comerselos porque no se ha puesto el sol. Tras mas de veinte minutos de espera, el camarero se digna a atendernos, le pregunto el precio del te con menta, dice que 12 dh., nos levantamos y nos vamos. Encontramos internet en otro sitio, le decimos al chico que cuando quiera cerrar que nos avise, dice que no hay problema. Cuando oimos al muecin dando la senhal de que ya se puede comer, nos levantamos para pagar y dejarle desayunar, pero resulta que nos ha dejado encerrados. Vuelve al cabo de diez minutos, aun masticando y con cara de contento.

Cerca de la plaza vemos un restaurante repleto de marroquies. En una pizarra pone: ftour 30 dh. El ftour es el desayuno tras el Ramadan, que se come tras la puesta de sol. Incluye harira (sopa espesa de garbanzos y fideos), huevo duro, datiles, crepes con miel y pastelillos. Vamos a entrar, pero el camarero, bastante borde, nos dice que solo podemos cenar a partir de las 8. Mosqueado, le digo que queremos tomar el ftour como todo el mundo. Nos deja entrar. La harira es la mejor que he probado hasta ahora. Nuestro vecino de mesa, al verme haciendo fotos del menu, me explica algo sobre el ftour, etc.

A partir de aqui la cosa se va relajando. Son nuestras ultimas horas en Marrakesh, la ciudad que habia de ser la guinda del viaje, y, ya que la visita ha sido basicamente horrible, decidimos sacar partido fotograficamente al menos. Volvemos al hotel y salimos pertrechados unicamente de los objetivos de caza. Estoy tan harto de que nos traten mal, nos insulten y nos roben dinero, tiempo y energia, que no pienso tener el menor reparo en robar unas cuantas fotos. Hoy no voy a pedirle permiso a nadie.

Curiosamente, hoy nadie nos asalta ni nos insulta como ayer. Por el zumo en un puesto y el te en otro pagamos el precio adecuado. Entablamos conversacion con un chico que se llama Rashid y que es licenciado en Filologia Hispanica, como yo. Y un camarero con gorro de cocinero, seguro de que le daremos una buena propina, nos posa amablemente para las fotos. No entiendo nada.

Aun asi, dudo que vuelva a Marrakesh. Otra vez mas, con ese afan por exprimir a los extranjeros, les va a salir el tiro por la culata, al menos en mi caso. ?Como se puede pensar tan a corto plazo? Asi no gana nadie. Ni yo me encuentro a gusto aqui, ni tengo ganas de relajarme y gastarme la pasta en pijaditas, ni pienso volver de vacaciones ni recomendarle a nadie que venga.

Por una vez duermo bien. La cama es comoda y el aire funciona bien. Ni siquiera me molesta el ruido de la plaza.

miércoles, 11 de agosto de 2010

De Casablanca a Marrakesh

Diana a las 6. Me duele todo del aerobic de ayer. Por suerte pasa un taxi. Es el primer taxista que nos pone el taximetro. Compramos unos pasteles para desayunar, tienen buena pinta, pero esta claro que a los marroquies no se les da bien la pasteleria europea. Cogemos el tren de las 7:20, que va tan lleno que tenemos que ir de pie junto a la puerta, rodeados de gente y maletas. Nos tomamos un zumo donde ayer y cogemos un taxi a la mezquita, que curiosamente tambien pone el taximetro y nos cobra solo 8'5 dh. Con nosotros sube otra chica empanhuelada, que se baja por el camino.

A la mezquita llegamos los primeros. Mientras esperamos, Abdou me llama al movil para saludar, pero que majo que es. La entrada cuesta 120 dh., es decir, un paston. Solo hay visitas guiadas. Elegimos el grupo de espanhol, porque hay menos gente. La mezquita es opulenta y horterilla, tiene un minarete altisimo, suelos de marmol, una decoracion riquisima, un hammam de lujo, pero que no esta abierto al publico... Y, bueno, si, impresiona, pero por lo que cuesta, me quedo con la Alhambra. Desde luego, que cantidad de dinero se gastan todas las religiones en edificar templos en vez de ayudar a los fieles... En nuestro grupo hay un espanhol capullito que se dedica a hacer preguntas a la guia de tipo: "?y por que las mujeres y los hombres tienen que rezar por separado?", a lo que la guia, con sentido del humor, replica: "porque nosotras rezamos en la misma posicion que los hombres". El no lo pilla. "Por la concentracion", anhade. Nada, que no lo pilla. Al final de la visita la guia sugiere que podemos dejar un donativo. Cierto es que la entrada cuesta una pasta y que deberian pagarle un sueldo digno, pero dudo que sea asi. Por si acaso, le dejamos unos cuantos dirhams. Somos los unicos. El espanhol sale despotricando sobre lo mal que le parece que le presionen, etc.

A la salida estamos tan cansados que nos sentamos debajo de una arcada, apoyados contra una columna y las mochilas, y nos echamos una siesta de casi una hora.

Buscamos un taxi, un tipo nos indica que subamos, lleva una camiseta donde pone en polaco "na zdrowie", se niega a poner el taximetro y quiere 40 dh. Nos bajamos. De todos los taxis que hay en la parada, ninguno quiere llevarnos. Al otro lado de la calle paramos otro, que pone el taximetro y la carrera nos cuesta 15 dh. Comemos algo a toda velocidad y vamos a coger el tren, que llega con media hora de retraso. Los compartimentos van a tope, por los pasillos no hay quien pase. En un compartimento hay dos sitios, pero me dicen que no hay. ?Como que no?, pregunto. No hay. ?Va alguien ahi? Si, dicen. ?Quien? No contestan, pero no quitan los pies ni las bolsas de los asientos. Un par de vagones mas alla los asientos son como en un autobus, ya sin compartimentos. Deberian patentar el tren-hammam y cobrar mas por los billetes, porque alli uno suda mas que en un banho arabe. Y eso que una pegatina pone: aire acondicionado. Pero de las rejillas el aire sale caliente. Los que pueden abren las ventanas, pero la nuestra esta bloqueada. Y nosotros, otra vez vestidos "modestamente". Vamos tan muertos de sed y calor que le dejamos al tipo del carrito que nos clave 36 dh. por dos refrescos y un agua.

Vamos a Marrakesh, aunque nos han dicho que hace casi 50 grados y, encima, manhana empieza el Ramadan.

El cansancio empieza a hacer mella en nosotros. Tras una cinco horas de viaje, llegamos con una de retraso a Marrakesh.

Delante de la estacion, un monton de gente espera el taxi. Pero los taxistas prefieren a los turistas, a los que pueden cobrar varias veces mas por el mismo trayecto, y van en su busca, pasando olimpicamente del resto. Por llevarnos al centro, de buenas a primeras, nos piden 60. Ni en Madrid costaria eso. Le digo al tipo que solo aceptamos lo que marque el taximetro. Baja la tarifa "oficial" hasta 20, pero sigue sin querer poner el taximetro. Ni siquiera cuando, utilizando el mismo truco que en la India, le ofrezco cinco dirhams a mayores. Eso significa que la carrera en realidad cuesta menos de 15 dh. Pero los guiris que hay a nuestro alrededor van aceptando cualquier cosa. Al final acordamos ir por 20, pero cuando el taxista nos lleva a su vehiculo, este ya esta lleno de marroquies que estaban esperando en la cola. El taxista empieza a sacar las bolsas y a tirar a la gente del brazo para que salga, se monta una discusion y nosotros les indicamos a los marroquies, por gestos, que se vayan tranquilamente, que no pensamos colarnos asi. Otro tipo, que tambien pedia 60, acepta llevarnos por 20 y luego sigue buscando clientes para llenar el taxi, a 20 por cabeza. Pasamos de el. Al final otro, que no ha encontrado clientes mejores, nos lleva por 20. Se ha dejado el taximetro puesto y vemos que, como yo sospechaba, el precio normal deberia haber sido 15.

Ya en el centro, empieza la cuestion del alojamiento, que es un poco complicada. Resulta que ayer Natsko, la chica japonesa que conocimos en Casablanca, nos recomendo un albergue que lleva una japonesa y que, segun le han dicho, esta muy bien, muy limpito y tal. El sitio se llama House 13, pero en internet solo aparece en japones y no viene la direccion. Natsko nos dio el telefono. Llame desde la estacion de Casablanca: primero cogio una japonesa que no hablaba ingles ni frances, y luego me puso con un marroqui que hablaba algo de ingles. Mas o menos nos entendimos. Lo malo fue cuando me quiso dar la direccion, en arabe. Me repitio diez veces el nombre del sitio, y yo, con el mapa delante para ver si lo reconocia, no lo entendi. Como punto de referencia apunte algo como "lissi Mohammed 5". En el mapa la avenida de Mohammed V no estaba lejos del centro, asi que por eso cogimos un taxi hasta alli y luego empezamos a preguntar a la gente por el "lissi Mohammed 5", pero nos decian que habia dos. Al final entramos en un hotel y le pedimos al recepcionista que hablara por telefono con el chico, pero resulta que cogio la japonesa y le colgo. A la segunda cogio el marroqui, se entendieron, el portero del hotel nos metio en un taxi (asegurandonos que los 25 dh. que nos exigia el taxista eran "aproximadamente" lo mismo que pagaria el mismo por ese trayecto) y llegamos hasta lo que resulto ser el "Lycee Mohammed V", es decir, un instituto, delante del cual nos esperaba el chico marroqui, Azou. Nos metio por una cuadricula de casitas, a la izquierda, a la derecha, a la izquierda, a la derecha, y llegamos al House 13, donde la japonesa que lo regenta no habla ningun idioma que nosotros entendieramos. Llego otra japonesa, Shiina, que chapurreaba el ingles. La clientela, toda japonesa. Konichiwa. El libro de registro, todo en japones. Nos preguntan asombrados como es que hemos ido a parar alli. Los precios, tambien japoneses, nos ensenhan una habitacion doble preciosa por 480 dh., asi que nos quedamos en un dormitorio de 6 colchones, a 120 dh. por persona. El sitio, efectivamente, limpio y cuidado, con bonitos azulejos. En nuestro dormitorio esta tambien un chico que estuvo estudiando espanhol en Barcelona medio anho con un profesor que le hablaba en catalan. Es de Kawasaki y se llama algo asi como "Tsukasa", pero podemos llamarle "Tu casa". Nos hace de guia hasta la famosa plaza Djemaa el-Fna, el epicentro del turismo en todo el pais. Por el camino me hace gracia oir a un japones y una polaca hablando en espanhol sobre la Segunda Guerra Mundial.

Nuestro alojamiento parece estar un poco lejos de la plaza y las calles que hasta ella conducen, si me las imagino de noche, me dan mala espina. Dado que manhana comienza el Ramadan y que, segun nos han dicho, el apogeo de la vida es despues de la puesta de sol, preferimos buscar otra cosa mas cerca de la plaza. El hotel CTM se encuentra en plena plaza, algunas habitaciones dobles tienen aire acondicionado y, en comparacion con el House 13, no sale caro. Manhana nos cambiaremos.

Marrakesh bulle, tiene una energia densa y mixta, me vienen reminiscencias de Benares, aunque aqui no es tan fuerte.

La plaza, a priori, nos da muy buen rollo y promete grandes fotos. Es enorme, como un par de campos de futbol juntos, y esta flanqueada por minaretes, uno de los cuales parece la Giralda de Sevilla (no en vano son dos de las tres torres almoravides que quedan en pie). Por todas partes hay puestos de comida, cientos de ellos, iluminados con bombillas o lamparitas. Aqui asan pinchitos, aqui dan tajines y harira... Hay puestos de zumo con las naranjas amontonadas en hileras y carros con cajas y cajas de distitntas variedades de datiles, higos secos, etc. En otros dan sopa de caracoles, tienen grandes cuencos y palanganas donde se amontonan las conchas de los moluscos. El sol se esta poniendo y sobre la plaza se elevan columnas de humo que traen el olor de la carne asada.

Nos metemos entre los puestecillos de comida, los camareros nos agarran del brazo, nos zarandean, nos plantan la carta grasienta delante de los ojos y nos insisten, chapurreando espanhol, en que alli se come mejor. No aceptan una negativa y no entienden que no tengamos hambre, que ya hayamos comido, que nos duela la barriga ni que no hablemos espanhol. Acabamos pasando entre ellos pasando de ellos. Uno suelta, en un espanhol mas o menos inteligible: si en Espanha hay crisis, para que venis aqui sin dinero, quedaos alli. Logramos escapar del primer pasillo de puestos. Por nuestro lado pasa un grupo de jovenes con aspecto chulesco, algunos llevan la camisa desabrochada y pesadas cadenas al cuello, otros parecen salidos de un partido de baloncesto de colegio, el uniforme de algun equipo de la NBA les queda grande. Uno, con un corte de pelo de videoclip rapero, senhala mi camara y me dice en frances: eso es mio. Me rio como si fuera una broma, aunque no me hace gracia, pero todo el grupo me mira fijamente. El tipo repite: eso es mio, despues nos vamos a ver y te lo voy a pedir. Pues le va a costar encontrarme entre esta multitud. Pensamos comer algo, pero el acoso de los camareros del segundo pasillo nos quita las ganas. Al ver mi mueca de hastio, uno dice agresivamente: si no te gusta esto, vuelvete a tu pais. Exactamente lo mismo que muchos espanholes dicen.

Decidimos cenar en otro lado y, de momento, tomarnos solo un zumo. Hay como cinco puestos en fila. Al vernos dudando, nos empiezan a llamar a voces de tres sitios distintos. !Aqui, aqui, aqui! !Solo 3 dh.! Nos decidimos por uno cualquiera. El zumero pregunta, en espanhol: "?naranja, pomelo o mixto?". Pedimos dos mixtos, nos los tomamos de un trago y le tiendo 6 dh. al tipo. Los coge, los mira, me mira y me dice: son quince por persona. ?Como que quince? Se une su companhero, de forma muy agresiva: el pomelo cuesta 15. Agarra el carton donde pone "3 dh.", le da la vuelta y por detras hay un pequenho menu donde, escrito con rotulador, se lee: "Pamplemousse 15 dh.". Cabreado, busco la palabra "timadores" en mi limitado vocabulario frances, mientras ellos siguen gritando y amenazando. Nos damos media vuelta y nos piramos de alli.

Abrimos la guia a ver si recomiendan algun restaurante tranquilo por la zona. Nos rodea un enjambre de mujeres empenhadas en hacernos un tatuaje de henna, incluso a mi. Dos calles mas alla encontramos el restaurante que dice la guia, pero la cena resulta mediocre. Estamos cansados, hartos e incomodos, y encima a ambos nos ha empezado a doler la barriga.

Atravesamos la plaza e intentamos encontrar el camino de vuelta por calles abarrotadas de gente. Los del albergue nos han advertido que tengamos mucho cuidado con las carteras y las camaras. En semejante gentio somos presa facil para los carteristas. A medida que nos alejamos de la plaza va disminuyendo la proporcion de turistas, pero las calles siguen llenas, entre la muchedumbre se abren paso a la fuerza motos sin luces: de repente la gente se aparta como las aguas del Mar Rojo y emerge un ciclomotor al que hay que hacer sitio empujando a los transeuntes mas cercanos. La multitud se comprime y se expande como algun material moderno. Un tramo mas adelante la corriente se diluye un poco. Un crio de unos 10 anhos y mirada perdida nos dice que adonde vamos, que alli no hay nada, que si buscamos hotel y que si quiero un porro. Otro tipo, ya mayor de edad, me susurra al oido: "?hashish?". En la calle ya casi no hay nadie. Al doblar una esquina un tipo empieza a seguirnos, gritando desde lejos: "it's closed! it's closed!". Giramos, cogemos un callejon que no es, el tipo viene detras sin parar de repetir su frase, damos media vuelta, el tipo nos sigue, por fin encontramos el callejon del House 13, pero no recuerdo donde he metido la llave, el tipo se ha parado a nuestro lado y sigue repitiendo "it's closed", tanteo todos los bolsillos, doy con ella, la meto en la cerradura, la giro, pero no se abre, se me ha olvidado que aqui generalmente hay que girar la llave hacia el lado contrario de lo que pareceria logico, llamo con la aldaba, pero nadie abre, por fin logro abrir, entramos, el tipo se queda fuera. Como en una pesadilla.

En el albergue, las japonesas y Azou se preocupan por nuestro estado y nos cuidan. Shiina nos trae un sobrecito de sales para disolver en agua, Azou nos hace tragarnos una cucharada sopera de comino en polvo y a continuacion una taza de agua hirviendo. Llega Tsukasa, conversamos un rato.

Duermo fatal, el ventilador no da abasto con toda la habitacion y solo me refresca un poco los pies, pero no se si se puede dormir en gayumbos en un dormitorio lleno de japoneses que duermen vestidos. Sudo, me duele la barriga, en una esquina de la habitacion resplandece el portatil de una japonesa que esta viendo una pelicula como si se tratara de Poltergeist.

martes, 10 de agosto de 2010

Mohammedia-Casablanca-Mohammedia

Nos levantamos a las seis menos cuarto. Ya hay luz. Hemos quedado a las seis y cuarto en el cruce cerca del hotel. Abdou ya esta alli con su bici. Se ha levantado a las cuatro y media para entrenar y a las siete empieza su clase de aerobic y estiramientos en la playa. Vamos paseando. Ya hay bastante gente en la playa, paseando, corriendo, banhandose, varios grupos de jovenes jugando al futbol. Del grupo, solo de mujeres, hoy solo han venido dos: las dos llevan chandal, pero una, ademas, lleva la cabeza doblemente cubierta por un panhuelo y una gorra. Agata y yo participamos. Hace calor, pero Abdou no me deja quitarme la camiseta. Sudo la gota gorda, no se que sentira la mujer del panhuelo. Entre el sudor que me cae en los ojos veo a una pareja corriendo. El, en pantalon corto y camiseta. Ella, pantalon largo, camiseta de manga larga, panhuelo y gorra. Buf.

Al terminar, las dos mujeres se van rapidamente. Abdou me dice: tumbate, y empieza a tirarme de los brazos y las piernas y luego a darme un masaje. Me dejo hacer. Luego le pregunta a Agata si tambien quiere. Me quedo jugando con Sis. Luego Abdou y yo hacemos capoeira un rato, el solo tiene unos rudimentos, pero es agil y flexible. Agata nos hace fotos. Despues toca banharse, el lo hace en calzoncillos.

Hay que irse, porque Abdou entra a trabajar a las diez. Aparte de sus clases de gimnasia, etc., trabaja de 10 a 4 en un "snack". Se ve que el deporte, a pesar de haber sido campeon, o subcampeon, o lo que sea, en varias disciplinas, no da para vivir. Por eso esta intentando conseguir el visado para irse a Arabia Saudi, donde le ofrecen 700 euros al mes por dar clase de aerobic. Vamos con Abdou hasta la zona de la kasbah, donde vive y trabaja, por el camino nos ayuda a comprar fruta para el desayuno y nos presenta a su companhero de trabajo.

Agata y yo nos tomamos un enorme zumo de mango de camino al hotel, nos duchamos y vamos a la estacion de tren. Hoy toca excursion a Casablanca. El tren, como todos los que hemos visto hasta ahora, va hasta los topes y no tiene aire acondicionado. Menos mal que el viaje dura solo 20 minutos.

En Casablanca hace un calor humedo pegajosisimo. Y nosotros, vestidos "modestamente", es decir, de pantalon largo y con los hombros cubiertos, para poder entrar en la mezquita. Pero nuestro primer objetivo es una heladeria que menciona la guia. Por el camino entramos en una tienda de fotografia para imprimir algunas fotos que queremos regalarle a Abdou. Luego nos da el hambre y entramos en un restaurante que hay justo enfrente de la heladeria y que no tiene mala pinta, aunque la comida resulta decepcionante. Y la cuenta, sorprendente: me han cobrado aparte la bebida del menu; y al tajine vegetariano de Agata le han puesto el precio del de carne. Son 120 dirhams y no deberian ser mas de 100. Protesto. El camarero dice que es porque me ha traido un refresco de 33 cl. y el del menu es de 25. Pero ese no es mi problema. Va a hablar con el encargado y vuelve con la misma cantinela. Le doy un billete de 100. Dice que son 120. Le digo que no pienso pagar mas. Se va otra vez a hablar con quien sea, pero nosotros nos levantamos y nos vamos. En la heladeria de enfrente nos tomamos el postre.

Vamos en busca de un taxi para ir a la Mezquita Hassan II, la unica del pais donde se permite la entrada a los no musulmanes; eso si, a horas determinadas y a cambio de un paston. La guia dice que la ultima entrada es a las 14:30 y ya se nos echa el tiempo encima. En todas las esquinas hay gente esperando taxis, que pasan llenos. El trafico es horrible. Por fin paramos uno, de paso sube tambien otra chica que habia en la parada. No va exactamente por el mismo camino, pero lo suficiente para que al taxista le compense.

Llegamos a la mezquita. Un senhor con tunica verde, fez rojo y dientes negros nos informa de que la ultima entrada hoy era a las 14, pero podemos volver manhana a partir de las 9 y lo siente mucho. Nos hacemos un par de fotos en el exterior y vamos en busca de un taxi, no porque nos encante ese medio de transporte, sino porque ese es el medio de transporte normal alli, hace un calor infernal y humedo y en los alrededores de la mezquita no hay nada. Mientras esperamos, entablamos conversacion con una chica japonesa, Natsko, que parece que lleva el mismo rumbo que nosotros, asi que montamos juntos y luego vamos paseando por la ruta que indica su guia. La verdad es que no hay nada especialmente interesante. Vamos a ver la catedral del Sacre Coeur, que, evidentemente ya no funciona como catedral y esta vacia por dentro. Una inmensa nave blanca y vacia, con una vidriera al fondo donde hay un monton de banderas de diferentes paises. Los tres encontramos las nuestras respectivas, aunque Natsko se mosquea porque la bandera japonesa es la del imperio, la que tenia los rayos. Por 20 dh. nos dejan subir a la torre. Las escaleras estan hechas polvo y llenas de mierda de paloma. Paseamos por el tejado de la catedral, lo cual es un poco peligroso, porque esta en declive. Desde la torre se ven, haciendo honor al nombre de la ciudad, un monton de casas blancas. Luego bajamos y damos la vuelta a la catedral para ver la parte de atras, en busca de la foto que viene en la guia. Unos tipos que estan alli sentados a la sombra se levantan y nos acompanhan, sin parar de comentarlo todo. Al despedirnos, me llaman aparte y me dicen: si no vinieras acompanhado de dos chicas tan guapas, no te habriamos dejado entrar.

Paseamos. Llegamos a una plaza con edificios coloniales y palmeras. A un senhor ataviado de forma muy curiosa, que luego resultara que es un aguador (vende cuencos de agua), le pido permiso para hacerle una foto, y me dice que vale, por 10 dirhams. !Mi primer modelo profesional! Ya que pago, saco el reflector dorado de la mochila y hago un par de fotillos de postal. El agua no la pruebo, no solo porque desconozco su procedencia, sino, ademas, porque los cuencos no los lava despues de cada uso. Los lleva colgados a modo de collar.

Nos tomamos un zumo, nos despedimos de Natsko y, aburridos de Casablanca y del calor, decidimos buscar internet para narrar las aventuras de los ultimos dias y volver a Mohammedia, donde hemos quedado con Abdou para ver un concierto. Es curioso, pero, como ya he constatado en otras ocasiones, los lugares que mas interesantes suelen resultarme son aquellos que a priori menos lo parecen, aquellos donde no hay nada concreto que ver o que hacer.

En la estacion, para subir al tren hay que meterse en una melee con toda la gente que intenta entrar al mismo tiempo. Para bajar, casi lo mismo. Luego hay que luchar por un taxi, porque alli no hay orden ni concierto. Esperamos un monton de rato. Para un tipo con un coche grande y ojos de colocado y nos dice en italiano: ?vais a algun sitio? Hacemos como que no le entendemos y se pira. Por fin cogemos un taxi, que nos lleva haciendo slalom entre los coches y los peatones. Nos cobra lo que quiere, pero ya nos da igual. Estamos cansadisimos, ya sin fuerzas para ir al concierto. Hacemos el equipaje y llamamos a Abdou, quedamos con el un momento para despedirnos. Le damos las fotos, parece contento. Me da un abrazo muy fuerte, noto todos sus musculos de gimnasta. Luego mira a Agata, supongo que dudando, pero ella da el primer paso. Se abrazan.

Nuestra cena: yogures y una chocolatina que compramos en una tienda donde la nevera ya esta desconectada.

lunes, 9 de agosto de 2010

De Meknes a Mohammedia

Diana a las siete y pico. Desayunamos en un bar donde el camarero fuma, toquetea a un vejete con chilaba y sin dientes y besa y abraza a otro hombre que acaba de entrar. Pruebo el "zumo de almendras", un batido de leche con almendras bastante rico.

Subimos al tren, pero no quedan sitios libres y los pasillos estan bloqueados por gente buscando donde sentarse. Bajamos y corremos hasta uno de los ultimos vagones. Nada mas subirnos, el tren arranca. Encontramos un sitio libre y otro mas alla. Le pido a un senhor que se cambie de sitio, luego a un chaval, y consigo que Agata y yo podamos ir juntos. El viaje en tren-sauna dura como cuatro horas y media. Todo el mundo se seca el sudor y se abanica como puede. En cada parada sube mas gente, con bultos y cajas, van de pie, pero tienen la ventaja de estar mas cerca de las puertas abiertas.

En Mohammedia paramos un taxi para que nos lleve al hotel La Falaise. Dentro va ya un senhor, pero no pasa nada. Un quilometro mas adelante se baja el y nosotros continuamos hasta nuestro destino. Hemos elegido ese hotel porque es el unico sensato que aparece en la guia. Cierto es que llamamos ayer desde Meknes y una senhora no muy amable nos dijo que no quedaba nada libre, pero decidimos probar suerte y, si no, irnos a Casablanca. Pero hay suerte. El hotel parece colonial, todo pintado de blanco, las puertas y ventanas azules dan al mismo patio, en el centro del cual crece un banano. La senhora tiene la piel oscura, la cabeza cubierta como una monja, habla bien frances pero es parca en palabras. Resulta misteriosa. Nos dice que no hace falta que cerremos la habitacion con llave, que ella esta alli todo el tiempo. De todos modos la cerradura esta estropeada. Meto la mochila de la camara en el armario y la tarjeta de memoria y la cartera bajo la almohada. No se me ocurre nada mejor.

Hemos parado en Mohammedia para ir a la playa. Despues de tomarnos un refresco en un bar donde nos tangan descaradamente (pero nos pillan sin ganas de discutir), un chaval que quiere demostrar a su novia lo bien que chapurrea el ingles nos explica que es mejor coger un taxi hasta la playa llamada Monika, unos tres quilometros mas alla, que es mucho mejor. Le hacemos caso. El taxista nos cobra lo que nos ha dicho el chico.

La playa de Monika tampoco es ninguna maravilla, aunque paseamos un poco y llegamos a una franja mas ancha y agradable, donde la arena parece pan rallado. Hay bastante gente a pesar de la hora (sobre las dos y media de la tarde), la proporcion de hombres y mujeres es como de 10 a 1. Ellos llevan, casi todos, pantalones hasta las rodillas y, por debajo, calzoncillos en cuya goma pone Calvin Klein o Versace. Ellas llevan, muchas, bikini; muchas otras, bikini y pareo; y dos o tres se banhan en vaqueros, camiseta de manga larga, panhuelo en la cabeza y gorra con visera. Me llama la atencion que, en comparacion con Espanha, apenas se ven tatuajes.

La gente no toma el sol, cosa que solo nos extranha al principio: tampoco creo que puedan ponerse mas morenos. Muchos se refugian bajo sombrillas, otros estan sentados (sin toalla ni nada) cerca de la orilla y la mayoria se dedica a luchar con las olas, que vienen con mucho impetu. La primera que me toca me golpea las rodillas y me derriba de morros, una escena digna del cine mudo que luego repetire en un par de ocasiones. El agua no esta muy limpia ni muy fria. Muchos chavales cogen olas con el cuerpo a modo de tabla, mientras que algunos tienen bodyboards de corcho. Un imbecil va y viene con una moto acuatica a cinco metros de la orilla. Nadie parece aburrirse. A lo lejos, veo a unos chicos jugando al voley-playa. Me acerco con la intencion de unirme, pero me quedo alucinado: estan jugando un verdadero partido, dos contra dos, con saques en suspension, remates, revolcones para salvar un punto, pero... sin red. Juegan en serio, y lo hacen bien, pero aquello es rarisimo. Al verme alli parado me invitan a entrar, ya se ha unido mas gente, ahora somos cuatro contra cuatro, pero no me adapto mucho al sistema y me retiro pronto. Parecen majos.

Decidimos dar un paseo por la playa hasta donde se pueda. Cuanto mas nos acercamos a la ciudad, mas aumenta la densidad de ocupacion. La playa se hace mas ancha, pero no hay quien camine sin tropezar todo el tiempo con ninhos correteando, jovenes jugando al futbol, familias que parece que juegan a "a tapar la calle", etc. Un poco mas lejos de la orilla, cientos de sombrillas de colores apinhadas. En el agua desembocan dos enormes tuberias sospechosas y apestosas. Al fondo, al otro lado de la ciudad, se ve la fabrica de fosfatos mas importante de Marruecos.

Seguimos andando y aquello no se acaba. Pasamos por delante de un tio mayorcete, fibroso y peludo que esta haciendo estiramientos. Le hago un gesto de admiracion por su flexibilidad, lo cual basta para entablar conversacion, primero en frances, que el habla mucho mejor que nosotros, y luego en ingles, que parece la lengua en la que mejor nos podemos comunicar todos, aunque en muchas ocasiones tendremos que mezclar ambas con gestos para entendernos. El ingles lo aprendio por su cuenta, con libros y hablando con gente. Se llama Abdou, tiene 42 anhos y es profesor de gimnasia y de equilibrismo y malabarismo. Luego nos enteraremos tambien de que ha sido campeon (o sub, o tercero, que mas da) Marruecos de aerobic, o de gimnasia, y tambien de lucha (aunque no le preguntamos si de peso mosca o peso pluma, porque es bien pequenhito). Nos hace una demostracion de equilibrio y flexibilidad que nos deja boquiabiertos, y otra de malabarismo que ya no nos impresiona tanto, pero no esta mal. Recoge sus bartulos (una mochilita y una bici de montanha un poquito destartalada) y se viene con nosotros.

Abdou no esta casado, pero tiene un perrazo, creo que un amstaff, que se llama Sis, tiene un anho y le obedece en todo. Parecen amigos de toda la vida. Vamos paseando, charlando, Abdou nos hace atravesar un paraje desierto, luego nos mete por los callejones de su barrio (nada mas entrar en el cual, se pone la camiseta), los vecinos lo saludan. Un tipo tiene un carro con chumbos, Abdou le pide unos cuantos para nosotros, pero no nos deja pagar: "Ya le pago yo manhaha". El vendedor nos saluda. Luego nos lleva hasta el patio de su casa, ata a Sis a un poste, entra en casa y al rato sale con un album de fotos descoloridas, donde se le ve a el haciendo deporte, saltando, dando clases, subido a un podio y acompanhado de mujeres francesas que ensenhan danza o aerobic.

Salimos otra vez. Paramos en un bar a tomar un te con menta. Abdou dice "ahora vengo", deja su mochila y su telefono en una silla (a lo que Agata dice: es mucho menos desconfiado que nosotros) y reaparece al cabo de cinco minutos con una comida que no se como se llama, pero que es como la parte de dentro de un croasan, solo que mas apelmazada y menos dulce. Esta recien salida del horno. Estabamos muertos de hambre. No nos deja pagar nada. Luego nos acompanha, siempre empujando su bici, hasta un cruce desde el que es facil volver al hotel. Nos da su numero de telefono, monta en su bici y se va.

Agata y yo volvemos al hotel. La camara sigue en el armario y la cartera debajo de la almohada. Hacemos la colada en la terraza y nos duchamos. Anochece y los mosquitos salen de caza. Decidimos invitar a Abdou a cenar. Quedamos en el Essaouiri, muy cerca de nuestro hotel, pues Abdou trabajo alli cuatro anhos. Mientras lo esperamos, pedimos zumo de naranja. Al cabo de un minuto sale otro camarero y nos dice que aquello es una freiduria de pescado, que alli se va a comer y que no tienen zumo de naranja. Le digo que ya se que es una freiduria, que pensamos cenar alli y que estamos esperando a Abdou, el que trabajaba alli. El tipo cambia la cara y resulta que si que tienen zumo. Llega Abdou en su bici y con una bonita camisa blanca. Pedimos merluza, lenguaditos y gambas. No estan mal, pero tampoco estan demasiado bien. Abdou nos explica que el zumo de naranja lo han traido de otro bar cercano. Por eso han tardado tanto. Y por eso nos lo han traido en una botella de agua. A la hora de pagar, quieren cobrarnos de mas, pero Abdou no les deja.

Quedamos con el para la manhana siguiente y nos vamos a dormir. Con el ventilador puesto toda la noche.

domingo, 8 de agosto de 2010

De Fez a Meknes

Por la noche llovizno un poco, pero estabamos tan cansados que ni nos importo. Entre suenhos oi al muecin, pero dormi como un tronco, hasta el punto de que mi mochila con la camara y los objetivos, cuyas asas habia enredado en mi brazo para que no me la chindaran, aparecio al otro extremo del catre improvisado. Nos despierta el sol, aunque con el cambio de hora son solo las 7. Amanecemos manchados de carbonilla, se ve que hay alguna chimenea por alli cerca.

Vamos a desayunar al Clock, porque necesitamos un banho decente y limpio. Tiramos la casa por la ventana: huevos revueltos, cafe con leche, batido de frutas. Es curioso como se pierde la perspectiva. La cuenta final no es tan terrible, equiparable a lo que en Europa habria costado un desayuno asi, pero hemos pagado por persona 20 veces lo que ayer por desayunar. Pero el Clock es como un enclave europeo en Fez.

Pasamos por el Cascade a recoger las mochilas, nos encontramos a Marc y Victor y nos despedimos de ellos.

El taxista no quiere decirme cuanto cuesta la carrera hasta la estacion. Da igual, dice. A mi no me da igual. 20 dirhams, dice. Ya estamos regateando de buena manhana. 10, digo. El: 20. Yo: 15. El: 20. Yo, 15, porque se que eso es lo que cuesta. Subimos. Con las mochilas apenas cabemos en el Peugeot 205. Por el camino, insinua que 20. No, 15. Al llegar, le doy 20 y se pone super contento y nos desea buen viaje. No se cual es su razonamiento, pero el mio es: si el me cobra 20, o aceptamos de mala leche, o, directamente, nos vamos a buscar otro taxi que nos cobre lo justo. Al haber aceptado llevarnos por 15, el tipo ha acabado ganando lo que queria gracias a una propina que ningun marroqui le habria dado; y, ademas, todos estamos contentos. Debe de ser una cuestion de orgullo, pero que poco nos gusta sentirnos enganhados. Y no me sive aqui el argumento del poder adquisitivo: si elijo como destino de viaje en este caso Marruecos es, entre otros motivos, porque no puedo permitirme, por ejemplo, ir a Islandia o a Noruega o a Nueva Zelanda. El dia en que cueste lo mismo, la eleccion de pais sera mas dificil y, si elijo otra vez Marruecos, no podre pasar tanto tiempo alli, con lo cual ellos tampoco saldran ganando. Se que el asunto es complicado, pero de momento lo veo asi.

La estacion de Fez es moderna, elegante y limpia. La cola va muy rapida. Compramos los billetes y aun nos da tiempo a tomarnos un zumo. El tren es moderno, pero no tiene aire acondicionado, parece una sauna. Las mujeres se abanican como pueden, todo el mundo chorrea sudor, un senhor se desabrocha la camisa.

En Meknes vamos paseando hasta el centro. Debajo de las mochilas (y yo llevo dos, una delante y otra detras), extensas manchas de sudor. El hotel que recomienda la guia no esta mal, pero ha subido mucho de precio. Vamos en busca de otro. Es cutre, pero la doble cuesta solo 100 dh. La ducha se paga aparte, pero prometo ducharme con agua fria.

Paseamos por la medina de Meknes. Como la de Fez: paredes de color crema u ocre claro, portones metalicos de color marron. Al principio pensamos que vamos a echar de menos los puestos para turistas, pero alguno que otro si que hay. Mas adelante no: todo es un gran bazar, pero para los de alli. Empieza a cansar tanto andar entre tiendas. Menos mal que casi nadie intenta vendernos nada.

Comemos en un restaurante desde cuya terraza se divisa la plaza principal, que es enorme, pero, a excepcion de los cafes con sombrillas que bordean uno de los lados, esta desierta. Pedimos cuscus con verduras. De repente empieza a llover, se desata una tormenta y el viento empieza a derribar las sombrillas de la plaza y las que nos tapaban.

Cuando amaina, volvemos a la estacion a comprar los billetes para manhana. Hemos decidido cambiar de planes, porque ir hasta el desierto con este calor es un poco suicida, y dirigirnos hacia la costa. Nos hace falta un cambio de aires.

Estamos un poco aburridos. Incluso nos planteamos ir al cine, pero en los dos que vemos por el camino solo ponen peliculas en arabe. Volvemos a la plaza principal y nos sentamos en una de las terrazas a observar a la gente. La variedad de rasgos es mucho mayor de lo que parece, los matices de la piel tambien. Se mezclan los rasgos arabes, bereberes y, en menor medida, subsaharianos y europeos. Hay marroquies que podrian ser espanholes y otros que parecen senegaleses. La ropa tambien llama la atencion. Las mujeres suelen ir vestidas de forma mas tradicional. Entre los hombres predominan los pantalones con la camisa por fuera, aunque tambien hay chilabas. A los jovenes les gustan las camisetas con letreros o con logos de marcas. Los pobres Dolce & Gabanna, Armani y Versace deben de trabajar como esclavos para abastecer el mercado marroqui. Tambien abundan las camisetas de futbol, sobre todo del Barcelona y de la seleccion espanhola. Algunas imitaciones son mas logradas que otras: se les ha colado un "Fabrigas" y bastantes "Espagnas".

La plaza cada vez esta mas concurrida. Se forman corros cerrados alrededor de musicos, acrobatas, etc. Desde donde estamos no se ve nada. Vamos a mirar un rato. Los musicos no son muy buenos. Un tipo tiene una serpiente, pero no hace nada con ella. En otro corro un viejo hace de arbitro y dos ninhos como de trece anhos boxean sin mucha conviccion. Es un espectaculo penoso y nos alejamos de alli, al fin y al cabo no faltan espectadores. Mas alla hay un contorsionista muy bueno, pero cada treinta segundos de show se echa una parrafada de veinte minutos, asi que nos vamos.

Desde una terraza se domina toda la plaza. Anochece. Hacemos algunas fotillos, nos tomamos un agua, charlamos. Se esta bien alli. Dicen que esa plaza es como un anticipo de la de Marrakesh. Ya veremos.

Internet y retirada. Manhana, hacia la costa, cerca de Casablanca. Espero que valga la pena. Meknes nos ha decepcionado, aunque las ultimas horas nos han quitado el mal sabor de boca.

sábado, 7 de agosto de 2010

Mas Fez

La noche en la azotea no fue tan mala. Las esterillas no eran demasiado comodas, de madrugada refresco bastante y pase algo de frio y antes del amanecer nos despertaron los muecines de dos minaretes cercanos, que, la verdad, podrian haberse puesto de acuerdo para hacer algo bonito. Nos levantamos sobre las siete. El dia amanece nublado. Una ducha y en marcha.

Vamos a ver las curtidurias, una de las estampas mas famosas de Fez. Como advierte una de las guias: eso es turismo brutal, porque lo que parece un espectaculo pintoresco en realidad es explotacion laboral en condiciones que ningun pais deberia permitir. Desde arriba se ve una explanada llena de agujeros a modo de tinas (algunas parecen de barro, otras estan revestidas de azulejos blancos) en las que, primero, se prepara la piel ("lavandola" con excrementos de paloma y cal viva, entre otras cosas) y luego se tinhe (antiguamente con pigmentos naturales, hoy en dia con productos quimicos cancerigenos). En las tinas se meten hombres hasta la cintura para fregotear y sacar la ropa y pasarla al siguiente receptaculo. Da que pensar. Y apesta bastante.

Las curtidurias no son faciles de encontrar, hay que meterse por un laberinto de callejones serpenteantes, algunos cubiertos, otros sin salida, todos estrechos, es imposible no perderse. Un hombre se ofrece a ayudarnos, dice que trabaja en una tienda de las cercanias. Nos hace seguirlo. Nos mete en una tienda compuesta de varios pisos con salas enormes, todas llenas de pieles o articulos de piel. Nos mosqueamos: hemos quedado en ver las curtidurias, no una tienda. Nos lleva a la terraza, desde donde, efectivamente, hay una vista bastante buena de las tinas. Llega un tipo grandote con chilaba y empieza a darnos la chapa contandonos mas o menos lo que ya sabemos, y otras cosas que no son verdad (como que las pieles actualmente se tinhen con azafran, indigo y amapola). Cuando se le acaba la grabacion, nos invita a salir. Por el camino intenta meternos en varias salas para que compremos cualquier cosa. Cuando le decimos que no, nos dice que la salida esta por alli, pero por alli no esta, solo pretende que nos perdamos dentro de la propia tienda. Que no queremos comprar nada, solo queremos irnos. Pues entonces dame una propina, dice bloqueandome el paso y extendiendo la mano. Cuando salgamos, le digo. En cada tramo de las escaleras repite la misma maniobra, y yo la misma respuesta. A la salida me dice: ahora la propina. Saco cinco dirhams y se los doy. ?Que es esto?, pregunta. Cinco dirhams, ?es que no conoces las monedas? Mas, dice. No, digo. Empieza a gritar: ah, por eso querias la salida, eres como una serpiente. Serpiente es mi signo en el zodiaco chino. Sigue gritando y me amenaza con el dedo. Nos damos media vuelta e intentamos volver por los callejones por los que vinimos. En la esquina espera el tipo que nos trajo, pero no debe de estar acostumbrado a que la gente escape de las garras de su jefe, porque, en vez de cortarnos el paso, nos guia de vuelta.

Pasado el mal rollo, intentamos decidir el plan para el resto del dia, pero estamos de mal humor. Yo desayuno, en un barecito minusculo y cutre, una hogacita de pan y una bisara, que es un pure de garbanzos con comino, pimenton y aceite. Cuesta 3'5 dh. No esta mal, aunque la cuchara me da un poco de asco. Agata no tiene hambre.

Al final decidimos ir a ver el barrio judio, la mellah, que esta fuera de la medina. Alli la vida parece mas normal, hay un monton de mercadillos, pero son mas para los de aqui que para los turistas. Encontramos incluso una calle con puestos de venta de frigorificos, a ver quien es el turista que se lleva uno puesto. Empezamos a sentirnos mas a gusto. Pero la mochila que llevo todo el tiempo pesa tanto que necesito sentarme un rato. Nos metemos en un bar a tomar un te. Como de costumbre, Agata es la unica mujer alli. Tres hombres conversan en la mesa de al lado. Mientras Agata hojea la guia, me dan conversacion. Hablan frances muy bien y bromeamos un rato. Les preguntamos donde podemos comer algo por la zona. Uno dice que es una pena, porque si le hubieramos preguntado ayer nos habria invitado a comer cuscus en su casa. El cuscus de los restaurantes no es bueno. Hay que comerlo con la familia los viernes, como la paella del domingo en Espanha. Cuando salimos, uno de los hombres, Mohammed, sale detras de nosotros y dice que nos invita a comer en su casa. Nos lleva por un laberinto de callejuelas, jamas habriamos llegado hasta alli solos, nos metemos en un portal, subimos las escaleras y llegamos a su casa. Nos sorprende lo poco que nos sorprende, tampoco se que esperabamos exactamente. Viven alli nueve personas, aunque sus hijos no estan, porque se han ido a casa de la abuela. Pero esta la madre, la mujer y las hermanas. Nos meten en el salon a ver la tele (un documental muy interesante sobre la anaconda, en arabe) mientras todo el mundo se afana en la cocina. Mohammed nos ensenha fotos de familia. De vez en cuando asoma la cabeza alguna de las mujeres para preguntar si esta todo bien. Al cabo de un rato, aparece el banquete. Unas aceitunas estupendas y picantes, higos, pan, okra guisada, kefta, carne en salsa, ensalada, patatas fritas y una especie de masa frita. Nos obligan a acabarnoslo todo, es decir, que yo me como el 70% de lo que hay en la mesa. Pero las mujeres no comen con nosotros, solo Mohammed, que mientras tanto ve en la tele una tertulia muy interesante de unos saudies y unos iranies sobre el principio del Ramadan. Le pregunto por algunas costumbres, porque no sabemos como reaccionar cuando nos presentan a alguien. Nos explica que a las mujeres no siempre se les da la mano, porque hay algunos musulmanes demasiado ortodoxos a los que no les gusta eso, pero que en su familia son mas relajados, claro que rezan y todo eso, pero las mujeres no llevan panhuelo, solo la madre. Le decimos que nos gustaria hacer algo como agradecimiento, invitarles a tomar algo o cualquier cosa. Mohammed nos explica que no puede ir de paseo con nosotros, porque podria tener problemas con la policia, que podria tomarlo por un "faux guide", un falso guia. Nos quedamos alucinados: ?significa eso que no podemos andar por la calle con ningun marroqui? Pero a tomar un cafe si puede ir. Al despedirnos de las mujeres, nos regalan unas tacitas, probablemente de fabricacion casera, que usan para la henna. Nos hacemos unas fotos juntas y a Agata le dan besos. Al bajar, los vecinos nos saludan por las puertas abiertas.

Volvemos al bar donde nos hemos conocido. Por el camino dejamos que Mohammed nos lleve unos cuantos pasos de ventaja, no vaya a ser. Como insistimos en agradecerle de alguna manera su hospitalidad, se rie y me dice que le compre un paquete de tabaco. ?De cual? De Winston. Le compro dos, a 32 dirhams cada uno, no creo que se lo pueda permitir con mucha frecuencia. Hablamos de todo un poco y nos despedimos abrazandonos y besandonos. Dice que volvamos a su casa cuando queramos, que nos preparara un cuscus de verdad.

Volvemos a la medina, damos una vuelta, parece que hoy el ambiente es mas relajado. Es curioso, aunque andamos todo el tiempo por las mismas calles, cada vez el ambiente es diferente, la gente tambien. Vamos a tomarnos un batido de fruta al Clock, donde nos encontramos con Bata. Le pregunto que se puede hacer por la noche, ya que es fin de semana. Me dice que, ahora, poco, porque dos semanas antes del Ramadan cierran las discotecas. Y cuarenta dias antes ya no se puede beber, porque el alcohol permanece cuarenta dias en el cuerpo.

Salimos a pasar un poco mas. Me compro unas castanhuelas bereberes, qarqaba, de esas que utilizan los musicos gnaoua (si alguien ha visto la peli Exils, le sonaran de la escena final). El tipo de la tienda me deja tocar tambien el oud, el laud arabe, pero no me sale muy bien.

Para cenar compramos en un puesto un pedazo de pan con quesito. Internet y a dormir. Espero que no llueva esta noche, porque hace un bochorno tremendo y el cielo esta muy pesado. Y tambien toca dormir en la azotea. Por un fragmento de conversacion que escucho casualmente, me entero de que esta noche cambian la hora: a las 12 seran las 11. Si no lo hubiera oido, lo mismo habriamos estado el resto del viaje viviendo con una hora de retraso.

El plan de manhana es ir a Meknes.

viernes, 6 de agosto de 2010

De Chefchaouen a Fez

Que dificil es encontrar tiempo para actualizar el diario... Bueno, voy a escribir primero lo de hoy y en cuanto me de tiempo, las entradas que faltan.

Diana a las siete y poco. Khalid nos ha prometido que el desayuno estara listo a las ocho (ademas de que me debe 50 dirhams, que ayer no tenia cambio). A las ocho y diez todavia no ha llegado, y nosotros tenemos que estar en la estacion a las nueve. Por fin llega, hace el desayuno sin mucha prisa, nosotros nos lo comemos a toda y salimos corriendo con las mochilas. Khalid dice que ahora baja a despedirnos, pero no lo esperamos. Llegamos, cuesta arriba, a la parada de taxis, pero no hay mas que uno, que esta ocupado, y unas cuantas personas esperando. Al vernos, el conductor baja de la baca las maletas, saca otras del portaequipajes y nos manda subir. Ni nos da tiempo a asegurarnos de la tarifa. Nos explica, o eso entendemos, que una senhora habia reservado el taxi y despues habia decidido irse a echar una cabezadita mas. Nos deja en la estacion y supongo que vuelve a por la senhora.

El bus a Fez tarda como cinco horas, es decir, muy poco mas de lo prometido y, teniendo en cuenta el viaje anterior, bastante menos de lo esperado. El viaje me lo paso leyendo la guia, ya que Agata se ha tomado unas pastillas contra el mareo y duerme como un tronco. Ya en Fez compartimos taxi con dos barceloneses que van en busca del mismo hotelucho que nosotros, el Cascade. Desde donde nos deja el taxi hay que atravesar una gran plaza desierta. De la sombra empiezan a salir tipos asegurandonos que en el Cascade ya no queda sitio, pero que ellos nos ofrecen algo mejor y mas barato. El mismo truco que en la India. Cuesta deshacerse de ellos.

Hace mas de cuarenta grados. El Cascade esta muy concurrido. Nos decidimos por la opcion mas barata: dormir en la azotea. Nos prometen unas esterillas. Victor y Marc se quedan un rato mas alli, tomando algo a la sombra, pero nosotros preferimos ir a dar una vuelta.

La famosa medina de Fez esta muerta, no se si por la hora del calor o por ser viernes, el dia santo de los musulmanes. Vagamos un rato por los callejones desiertos, pero la verdad es que al final nos aburrimos de no ver nada mas que paredes marrones, puertas cerradas y algun que otro vendedor que intenta convencernos chapurreando diversas lenguas romanicas de que compremos cualquier cosa. Entramos en la madraza que, segun la guia, es el edificio mas impresionante de Marruecos y, la verdad, si eso es asi casi entran ganas de abandonar Marruecos de una vez e irse a ver, por ejemplo, la Alhambra. Y dicen que hace falta por lo menos una semana para hacerse a la medina de Fez... pues no creo que le demos la oportunidad.

En una calle parcialmente cubierta llena de tiendas de comida, un chico nos ofrece unas babuchas. Le decimos que solo nos interesan desde el punto de vista fotografico, asi que Agata entra a hacer un par de fotillos mientras yo me quedo conversando con el y con su colega del puesto de enfrente. Se llaman Muhammad y Bata (o algo asi, me lo ha repetido tres veces y no quiero preguntarle mas) y nos los volveremos a encontrar varias veces. Hablan frances muy bien (en cualquier caso, mucho mejor que yo) y son super simpaticos, nos hablan con entusiasmo de los monumentos de la ciudad y, al explicarles que queremos hacer fotos, nos indican un par de puntos desde donde hay vistas panoramicas. Uno es la terraza de un bar cercano (super pijo pero al estilo marroqui). El otro es un hotel que queda un poco lejos. El taxi cuesta solo ocho dirhams, pero preferimos ir andando y ver que se cuece fuera de la medina. Un par de cientos de metros mas arriba, somos los unicos guiris a la vista. Pasamos por una especie de paseo donde no hay hierba y los arboles estan secos. Sentados en la tierra, los vejetes juegan a las cartas, o eso deduzco, porque son tantos y estan tan apinhados que no se ve lo que hay en medio. Llegamos al hotel ese, que debe de tener un monton de estrellas, desde alli se divisan las murallas de la ciudad y las casas elevandose apelotonadas cubriendo la loma.

Estamos muertos de sed y un poco hambrientos. En un cruce hay varios cafes y, sentados delantes, hombres. Por decenas. Juntandolos todos, igual lleguen a cien. Y ni una sola mujer. Entramos en uno a tomar un zumo y un refresco. Salimos en busca de un sitio donde comer. En un puesto compramos cacahuetes y el senhor se extranha de que andemos por aquel barrio en el que "no hay nada". En el puesto de al lado venden sopa de caracoles. Un senhor saca los caracoles de la olla con un cazo y los sirve en cuencos, otros senhores se los comen alli mismo, sacando los moluscos de la concha con un palillo. Al verme mirando, me ofrecen. Por mi cara de escepticismo me dan a probar solo el caldo, que pruebo y no esta malo. Me explican que los caracoles son buenisimos para... para todo, y se rien. Que dan mucha fuerza. El senhor del puesto, que rondara los setenta y luce una larga barba blanca, hace un gesto de culturista al tiempo que se pone a dar saltos para demostrarmelo. Nos reimos todos. Otro hombre me pregunta de donde soy y le extranha que sea espanhol, porque los espanholes tambien comen caracoles. Bueno, no todos. Me habria encantado hacer una foto alli, pero prefiero dejar el buen rollo como ha quedado.

En la terraza de un bar estan jugando a algo, creo que al domino. Un senhor empieza a hacerme gestos para que me acerque desde la acera de enfrente. Dice que los espanholes y los marroquies somos familia y nos indica un sitio para comer barato. Llegamos, compramos agua y probamos algunos panecillos, pero sacian tanto que se nos quita el hambre pronto. El senhor no nos cobra los primeros. Por el ultimo, solo un dirham.

Y es lo que pasa. Cada vez se confirma mas la teoria. Cuanto menos turistico es el sitio, mas agradable es la gente. Me ha pasado en India, en Turquia, en Georgia y ahora en Marruecos. Cabria aventurar la tesis (poco sutil, evidentemente) de que el turismo estropea, entre otras cosas, las relaciones normales entre las personas. Sea como sea, me encantan los lugares donde no hay nada concreto y la gente cultiva la conversacion por la conversacion, sin mas.

Se pone el sol y, para no tener que cambiar de opinion sobre la gente por alli, decidimos abandonar aquel descampado (rarisimo, por cierto: una especie de vertedero, un cementerio a ambos lados de la carretera, algo que parecen chabolas al fondo y alguna que otra hoguera a lo lejos) y volver a la medina.

Las calles que antes estaban desiertas, ahora empiezan a llenarse de vida. A un lado de la puerta de entrada de la ciudad medieval, las terrazas de los cafes estan llenas de marroquies. Al otro, de turistas, como si la puerta dividiera dos mundos. Pero fuera del gueto de restaurantes turisticos, en las calles paralelas, la vida pertenece tambien a los marroquies.

Estamos deshidratados y cansados. Agua, internet y a dormir. A ver como resulta lo de la azotea.

miércoles, 4 de agosto de 2010

Primer dia en Chefchaouen

El desayuno es en la terraza. Esta bastante bueno, la mantequilla es de verdad, la grasa de la leche flota en el cafe, hay dos tipos de pan y los dos muy ricos. Tenemos energia para muchas horas.

Chefchaouen es excepcional por dos razones. En primer lugar, casi todo el casco antiguo esta pintado de azul e irradia un resplandor casi sobrenatural. Es mas azul todavia que Jodhpur, la famosa ciudad azul del Rajastan indio. En segundo lugar, esta muy bien situado, en la cordillera del Rif, rodeado de montanhas y lleno de desniveles que lo convierten todavia en mas pintoresco. Eso, unido a su accesibilidad desde los puertos de Tanger o Tetuan, lo convierten en un lugar super turistico. Si, el pueblecito en si es encantador, pero agobia la cantidad de turistas y cazaturistas. Me gustaria verlo en otra epoca del anho. Ahora, en cada esquina venden alfombras bereberes, joyas bereberes, babuchas bereberes... Los bereberes deben de producir artesania sin descanso. Y todo hecho a mano, por supuesto, sin maquinas ni tecnologia, ni nada. Parece increible que los bereberes sean capaces de producir, a mano, tantos disenhos identicos. Cuando no consiguen venderte una alfombra, te ofrecen quif. ?Que buscas, amigo? No busco nada, estoy paseando. ?Quieres algo bueno? Pues de eso, no.

En una plaza rara, porque es como una elevacion metro y medio por encima del nivel de la calle, tres chavales entre 7 y 15 anhos juegan al futbol. La porteria esta pintada en la pared. Uno de los crios mas pequenhos hace un truco que nos deja boquiabiertos. Cuando nos ven, empiezan a gritar en espanhol: "pase, pase!". Se nota que ven los partidos por la tele. Uno lleva una camiseta del Barcelona. Cuando se cansan de jugar, uno empieza a hacer acrobacias. Salta desde la plaza a la calle dando un salto mortal en el aire. Luego se pone a dar volteretas. Le digo: eso tambien se hacerlo yo. Y empezamos un concurso de acrobacias. El chaval, claro, es mejor que yo, pero le ensenho un par de trucos de capoeira que no sabe y rapidamente intenta imitarlos. El crio mas pequenho, de repente, hace el espagat como si nada. Si la placilla esa no estuviera llena de cristales rotos, habria sido mas divertido incluso, pero me da miedo cortarme. A los ninhos no.

Para comer decidimos salir de la zona turistica. Al otro lado de la muralla bajamos una cuesta. En un bar nos ven cara de guiris y, cuando pregunto el precio de la comida, nos dicen una barbaridad. Nos vamos a otro, un poco mas lejos y mas cutre, donde se ve que no paran muchos extranjeros. Nos tratan muy bien, el tajine es baratisimo y esta mucho mas bueno que la cena refinadisima de anoche. Luego toca paseito y siesta.

Decidimos pirarnos pronto de este pueblo tan turistico y vamos a la estacion. El taxista es muy majo, habla frances, nos espera tranquilamente fuera. Para manhana ya no quedan billetes para Fez y el cajero es un borde. A la vuelta el taxista nos explica que existen otras conexiones, pero que los tipos de la ventanilla nunca dan esa opcion porque no les compensa.

Damos un paseillo por la noche, las calles estan llenas de tiendas abiertas y vendedores aburridos. Apenas hay nadie paseando, todos estan sentados en las terrazas de la plaza Uta el-Hammam.

Es hora de dormir.

martes, 3 de agosto de 2010

De Al-Hoceima a Chefchaouen

Nos levantamos y vamos a desayunar. En la pasteleria "La Rifenha" la dependienta habla algo de frances, pero mucho mejor espanhol. La tienda la puso su abuelo con un espanhol como socio. Los pasteles no estan muy alla. Me cobra diez dirhams de mas, pero dice que sin querer.

Vamos a dar una vuelta. Al pasar por delante de un bar, un vejete con chilaba que esta sentado a la puerta empieza a gritar: !hola! !espanholes! !bienvenidos!, y no se que mas. Saludamos y sonreimos, pero el tio no para de gritar y de formular preguntas que luego no nos deja contestar. Me acerco y me agacho a su lado para ver si asi baja la voz, porque me da verguenza que chille tanto. Lo consigo en un 40% de lo que me hubiera gustado. Se llama Hamed, o Paco. Trabajo treinta y pico anhos como taxista. Antes habia que arrancar los coches con "manevela". Una vez, cuando era un retaco, estaba intentando hacer girar la "manevela", a la que apenas llegaba, cuando un espanhol, de broma, le dio un golpe en el hombro y le dijo: "!dale, moro!". El, pequenho como era, le amenazo con los punhos y contesto: "!no me llames moro!". A lo que el otro, riendose, dijo: "entonces, Paco". Y le quedo.

Seguimos paseando, subimos una escalinata, desde la placita de arriba se divisa la playa entera y, en lo alto, el telon de fondo de las casas del pueblo como bloques de Lego, todo iluminado por el sol de la manhana. Saco la camara y estoy encuadrando cuando noto que alguien me agarra delicadamente del brazo. Un militar de uniforme marron claro, boina y bigote me dice en una mezcla de frances e ingles tan fluida que ni me llama la atencion: "excusez-moi, sir, no photo". Sonrio a pesar de la contrariedad y pregunto por que. Me dice que apenas habla frances y, senhalando a lo lejos, detras de la playa, me dice: "le roi". Pero si yo solo quiero hacer una foto de la playa. No importa, dice suavemente. No tiene sentido discutir, le digo que comprendo y le doy la mano. Me quedo sin panoramica de la ciudad.

Bajamos y callejeamos un rato. Vemos una tienda donde todo esta apilado como en un cajon de sastre. El recinto es enorme, pero apenas se puede pasar entre los armarios, los cables, las escobas, las perchas y las bombonas de gas. Decidimos entrar y pedir permiso para hacer fotos. El senhor, apoyado en el mostrador, esta escuchando la radio espanhola y hojeando ("no leyendo", me aclara) un periodico en espanhol. Pregunta por que queremos hacer fotos. No parece muy amigable, pero nos da permiso. En el escaparate, alargaderas y bombillas sueltas forman un puzzle donde las piezas encajan hermeticamente. Al salir nos encontramos con Abdul, que nos saluda efusivamente. Prometemos pasar a verlo si nos da tiempo.

En una papeleria compramos sendos cuadernos para llevar el diario de viaje.El dependiente me pregunta: "?lo quiere cuadriculado? ?con alambre o sin alambre?". Le pregunto por que habla tan bien espanhol. "Aqui siempre hemos hablado espanhol. Siempre hemos hablado espanhol", repite. Pues ahora ya esta claro.

Vamos a por las mochilas al hotel Marhaba y luego a visitar a Abdul, que nos recibe (valga la redundancia) en la recepcion del hotel donde trabaja. No puede salir, pero manda traer unos tes del bar contiguo. El tiene su cola-cao todavia en la mesa. Charlamos. Abdul habla bereber, arabe (clasico y dariya), un espanhol rudimentario, pero efectivo y muy comunicativo (por ejemplo, me explica que "salam" significa lomismo que la bandera blanca en la guerra), algo de frances y un poquito de ingles. Estudia y trabaja. Le gusta el futbol, juega al fubol-sala. Sabe decir "te quiero" en muchos idiomas. Nos lo ensenha en bereber (no me acuerdo, pero sonaba muy curioso) y nos pregunta como se dice en polaco y en portugues, para su lista, por si acaso. Le gustan las chicas europeas, pero no las marroquies, porque es muy dificil quedar con ellas. Creo que desde hoy le gustan tambien las polacas, porque le hace prometer a Agata que la proxima vez traera a una amiga, o mejor dos. Se queda un poco decepcionado cuando le decimos que no tenemos facebook ni twenty, pero nos da su messenger para estar en contacto. Aunque insistimos, no nos deja pagar el te.

En la estacion no hay mucha gente. Un marroqui que ha vivido desde ninho en Holanda aprovecha un descuido mio para entablar conversacion con Agata. Nadie sabe nada de nuestro bus. Salia a las 12:30, pero ya pasa de la hora. Debe de estar al llegar. Al final llega, todo el mundo se agolpa para entrar y salimos con poquito retraso. El viaje durara cinco horillas, dicen. Para recorrer 210 quilometros. El bus, moderno y con aire acondicionado. La carretera consta solo de curvas. Se habrian ahorrado una millonada si hubieran senhalado solo las no peligrosas en vez de las demas. Podrian haber puesto a la salida de Al-Hoceima un cartel: a partir de ahora y a lo largo de los proximos doscientos y pico quilometros, no hay mas que curvas peligrosas, excepto tres, que lo son menos. Limite de velocidad: entre 30 y 50. El bus se mece sin parar. El paisaje, al principio, recuerda a la Alpujarra; luego va cobrando mayores dimensiones, hasta convertirse en unas montanhas enormes que mas parecen dunas talladas a cincel en un material duro y poco maleable.

Por el pasillo del bus va y viene un personaje armado de una botella de agua rellena de un liquido jabonoso de color lila con el que, a traves del tapon perforado, va rociando el suelo a modo de hisopo. Bromeando, le pregunto que hace. Me dice que limpia y luego, acercando su cabeza a la mia como para pegarme los piojos, me confiesa en voz intima que es de Ketama. Viendo que no capto, a la tercera me aclara: la tierra del quif. No, gracias. No insiste.

Agata se encuentra mareadisima. En una parada compramos sendas coca-colas en botella de cristal de... 35'5 cl.! Muy bonitas, con el logo tambien en arabe. Cuestan solo 5 dh., aunque la chapa pone que tres. Me la quedo como prueba. De pequenho coleccionaba chapas para hacer carreras.

Pero lo peor no es la carretera. Cada cierto tiempo, coincidiendo probablemente con las horas de oracion, el condu nos pone una cinta donde un tipo canta, supongo, suras del Coran. Un ratito seria hasta interesante, porque el cantante afina bien, pero cada grabacion dura, supongo, lo que una cara de una cinta, y encima la musica esta altisima, tenemos un altavoz justo encima de nuestras cabezas y la melodia se mueve todo el rato en dos escalas invariables, asi que acabamos hartitos.

El viaje que habia de durar cinco horas, acaba durando casi ocho. Agata no puede mas. En Chefchaouen nos bajamos solo nosotros y otra pareja mas, marroqui, ella es bastante guapa y el habla espanhol, pero no es muy simpatico. Se van todos y aquello queda desierto. Agata se tumba un rato sobre la mochila. Un tipo alto tiene una furgoneta Suzuki que parece hecha a escala 1:2 y se ofrece a llevarnos al centro por 20 dh. Me parece mucho, pero no estamos para regatear. Ya alli viene a buscarnos Abderahman, cuyo numero nos ha dado Khalid, cuyo numero nos dio antes Ghislene. En realidad nosotros solo queriamos charlar un rato con Khalid y que nos ensenhara algo de la ciudad, pero el mismo ha decidido alojarnos en la pension que regenta, Dar Dalia, haciendonos un precio especial. La verdad es que el sitio, aun con el precio especial, se sale de nuestro presupuesto, pero es precioso. Nos quedamos. Pero procurare no mezclar mas contactos y negocios para que no haya malentendidos. La historia es que encima Khalid se ha ido a pasar unos dias con la familia a la costa, dejando a Abderahman encargado, asi que no tenemos ni con quien discutir la cuestion.

Nos duchamos y Abderahman viene a buscarnos para llevarnos a cenar. Nos lleva a un sitio que tambien es precioso y tambien se sale de nuestro presupuesto. Nos quedamos, diciendo que un dia es un dia, pero la comida no hace honor al entorno. Abderahman no se queda con nosotros. El camarero habla un espanhol impresionante.

Nos vamos a dormir, dejando el paseo nocturno para el dia siguiente.